Lectura 4:00 min
Pedir perdón (Entschuldigung)

¿En la vida política se vale pedir perdón? Las reglas de la comunicación política establecen que un candidato y, menos aún, un gobernante puede darse el lujo de pedir perdón, porque entonces son más vulnerables que nunca frente a sus adversarios. La debilidad no es opción.
Sin embargo, Angela Merkel, Hillary Clinton, Nicola Sturgeon o Theresa May son algunas de las mujeres que en la última década tuvieron el valor de dirigirse al electorado para pronunciar: “Lo siento (Entschuldigung)”.
En nuestro México, la historia es otra. Salvo un par de excepciones que comentaremos más adelante, la clase política mexicana está acostumbrada a negar las crisis. Si no les queda de otra, reconocen el mal, pero le endosan la responsabilidad a alguien más.
El 20 de diciembre de 1994, el peso mexicano se devaluó 300% frente al dólar. En aquel entonces se conjugaron varios problemas, desde la irrupción armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el asesinato del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Luis Donaldo Colosio, hasta la crisis en las finanzas públicas por la abrupta salida de capitales.
Mientras Ernesto Zedillo se empeñaba en señalar que durante el gobierno de su antecesor hubo un manejo irresponsable de las finanzas públicas, Carlos Salinas de Gortari atribuyó al equipo del nuevo mandatario, la responsabilidad en una serie de errores que, hoy por hoy, seguimos pagando: el efecto tequila y la crisis del 94. Zedillo asumió la Presidencia de México el 1º de diciembre de 1994, para relevar al también priísta, Salinas de Gortari.
O el reciente caso de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México. Justo en medio de la discusión pública sobre el impacto de la austeridad presupuestal, que impulsó el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se colapsó un tramo de la estructura entre las estaciones Olivos y Tezonco.
En el aparatoso derrumbe murieron 26 personas, más de un centenar resultaron heridas y cientos de hogares, negocios y automóviles sufrieron daños irreparables. Una tragedia.
La falta de mantenimiento, para no gastar y cumplir con la austeridad de AMLO, que la oposición le reclamó a la entonces jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ni siquiera fue una línea de investigación. Los pernos fueron los culpables, por ser incapaces de resistir el peso de las vigas y de los vagones.
¿Quiénes fueron los dos personajes que pidieron perdón en México? Durante su último Informe de Gobierno, el expresidente José López Portillo anunció la devaluación del peso y la nacionalización de la banca, con lágrimas en los ojos, la voz entrecortada y un golpe de furia en su atril. Sí. El hombre que años atrás dijo que “defendería al peso como un perro”, terminó su sexenio pidiendo perdón por fallarles a los “desposeídos y los marginados”.
En julio de 2016, el entonces presidente Enrique Peña Nieto pidió perdón a los ciudadanos por el escándalo de corrupción, desatado con la compra de la llamada Casa Blanca. "Con toda humildad les pido perdón, les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio e indignación que causé…un error que "lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el Gobierno".
Estas dos disculpas públicas, tan llenas de dramatismo, no conmovieron a la sociedad. Eso sí, fueron motivo de parodias y razón para la furia. No comprendieron que, en la vida privada como en la arena política, pedir perdón exige sinceridad, responsabilidad y autenticidad.
No se trata de perdón y olvido, sino de asumir con responsabilidad y valentía los retos que imponen los nuevos tiempos. Hoy pedir perdón está tan lejos de la verdad y tan cerca de la soberbia.

