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Paradoja del antitrust: ¿vino nuevo en botellas viejas?
El juez Robert Bork fue un destacado abogado y profesor que se desempeñó como Procurador General en los Estados Unidos y llegó a la antesala de la Suprema Corte de ese país. Se le recuerda, entre otras razones, por ser el autor de un libro fundamental, “The Antitrust Paradox”, que fue publicado en 1978 y que tuvo una influencia inmensa en la manera en que los tribunales procesan el análisis de competencia económica. Afortunadamente, y después de muchos años fuera de circulación, el libro se vuelve a editar y ya está a disposición de los lectores.
Durante los años sesenta y setenta, las autoridades de competencia de los Estados Unidos tomaron decisiones que resultaron no solo contradictorias, sino desastrosas, al no estar guiadas por un claro estándar analítico. Un ejemplo es el caso Brown Shoe, en que las autoridades bloquearon una fusión entre productores y expendedores de zapatos, bajo el argumento de concentración excesiva en algunas localidades, cuando en el ámbito nacional las empresas representaban, a lo sumo, un 4% de las ventas.
Otro caso destacado, fue la fallida fusión entre Procter & Gamble y Clorox. En este caso, no había coincidencia en las actividades de las empresas, pues vendían productos de limpieza distintos. La razón fundamental por la que la fusión fue denegada por las autoridades, fue que la empresa compradora tendría un portafolio más extenso y sería más eficiente que sus competidores. La insatisfacción con respecto a la actuación de las autoridades fue creciendo, hasta que en los años setenta se publicaron dos trabajos fundamentales, que sintetizan el pensamiento de la Escuela de Chicago en materia de competencia. Uno de ellos es el libro referido; el otro es el libro “Antitrust Law”, del también juez Richard Posner.
Bork y Posner ejercieron una crítica mordaz sobre la manera en que venía siendo aplicada la política de competencia. En su visión, esta política estaba perjudicando, más que beneficiando, a los consumidores. La razón era que la política de competencia carecía de un objetivo claro, por lo cual las decisiones eran tomadas sin apego a un marco analítico claro y robusto. La propuesta de estos dos jueces, fue adoptar el beneficio del consumidor como el objetivo central de la política de competencia. Este principio fue adoptado por las autoridades y hoy constituye el eje central en torno al cual se ha construido el instrumental analítico bajo el cual operan la mayor parte de las agencias de competencia en el mundo.
El advenimiento de los gigantes tecnológicos ha animado el ataque a la perspectiva iniciada por Bork y Posner. Las nuevas visiones se nutren de la vieja idea de que la concentración de mercado es, por sí misma, dañina. Uno de los principales focos de atención es la empresa Amazon, que ha sido señalada de perjudicar a los consumidores mediante la implementación de una política de precios bajos.
Muchas son las voces que señalan que los problemas de hoy requieren de un nuevo marco analítico y del abandono de la perspectiva basada en el bienestar del consumidor. En mi perspectiva, los problemas de hoy pueden ser analizados con las herramientas existentes. Por supuesto que la realidad es más compleja que el mundo que analizó Bork, pero no hay muchas cosas que no puedan ser analizadas en términos de los conceptos fundamentales que hoy forman parte del instrumental de las autoridades. Me parece sumamente peligroso adoptar decisiones radicales, como medida preventiva, que pueden ser contrarias al interés del consumidor, sobre todo si se deja de lado la aplicación del debido proceso.
A la luz de las confusiones analíticas que afloran, la Paradoja del Antitrust nos demuestra que el gato sonriente del País de las Maravillas tenía razón, cuando advertía a Alicia que, cuando no se conoce el destino, no importa la ruta que elijas.
@javiernunezmel

