Han transcurrido 100 días de la Cuarta Transformación y no se aprecia que la Estrategia Digital Nacional (EDN) de la Presidencia de la Republica -que coordina Raymundo Artís Espriú- haya dimensionado la importancia que tiene para la transformación gubernamental, la digitalización de México, el impulso a la economía y el desarrollo nacional.

Primero seamos justos. El gobierno federal y las dependencias de la Administración Pública Federal se encuentran en proceso de planeación, el cual concluirá con la aprobación y publicación del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y, posteriormente, los programas sectoriales.

Cada dependencia debe elaborar un diagnóstico que incluya la situación actual y perspectiva a largo plazo, con base en información del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, que identifique los problemas públicos prioritarios (cabe mencionar que el Inegi ya no realizará la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en Hogares debido al recorte presupuestal).

Un problema público es que sólo 63.9% de la población de seis años o más es usuaria de Internet y que apenas 72.2% de esa población utiliza el teléfono celular.

Además, la dependencia debe determinar objetivos (resultados para resolver o mitigar el problema público), diseñar estrategias (medios para solucionar las causas del problema), definir líneas de acción y presentar indicadores y metas (métricas cuantitativas para evaluar y dar seguimiento a los objetivos). También debe elaborar consultas con actores relevantes para enriquecer el diagnóstico y los objetivos a través de foros nacionales, estatales, especiales y mesas sectoriales.

Supongo que la Coordinación de la EDN de Artís Espriú se encuentra en esta etapa de planeación y por eso no ha hecho ningún anuncio sobre cómo piensa conectar a México.

Ahora seamos claros. Una búsqueda en Google Noticias del nombre del coordinador de la EDN arrojó ¡14 resultados! O sea, ni el buscador más potente de Internet sabe nada de la EDN en el gobierno de AMLO ni de su coordinador.

Lo que sí se conoce es el Informe General Ejecutivo Cuenta Pública 2017 de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la Cámara de Diputados, que señaló que la Oficina de la Presidencia de la República “no documentó las acciones que le permitieran acreditar su participación en la conducción de la EDN. Asimismo, se considera que la falta de indicadores para valorar el cumplimento de los objetivos de la EDN y el nivel de digitalización del país, limitó la valoración objetiva de los logros alcanzados en la materia”.

También se conoce la respuesta y excusas de Alejandra Lagunes, ex coordinadora de la EDN, a los señalamientos de la Auditoría, donde erróneamente señala que la Coordinación de la EDN “no cuenta con atribuciones legales para elaborar indicadores”, pero no menciona que supeditó los objetivos de la EDN a alcanzar un Índice de Digitalización de frecuencia de medición anual definido en el Programa para un Gobierno Cercano y Moderno. Este índice con sus pilares y componentes nunca se realizó.

También se saben las atribuciones de la Coordinación de EDN (que en su momento tuvo Lagunes, su continuadora Yolanda Martínez y ahora Artís Espriú), previstas en el artículo 10 del Reglamento de la Oficina de la Presidencia: “en coordinación con las dependencias y entidades competentes, elaborar, dar seguimiento y evaluar periódicamente la Estrategia Digital Nacional; fomentar la adopción y el desarrollo de tecnologías de la información y comunicación; impulsar el gobierno digital; promover la innovación, apertura, transparencia, colaboración y participación ciudadana para insertar a México a la sociedad del conocimiento”.

Toca el turno de ser realistas. A Raymundo Artís Espriú se le acumularon los problemas y desafíos: el primero, un país a medio conectar, reconocido por él mismo como una prioridad: “llevar conectividad a las zonas que actualmente carecen de dicho servicio”. Una EDN cuestionada por la ASF por carecer de indicadores. Una EDN que no cumplió con su objetivo doble: alcanzar el promedio de digitalización de los países de la OCDE y alcanzar los indicadores del país líder de América Latina (Chile). Una EDN cuestionada en sus propios alcances, diseño y ubicación institucionales. Una EDN que le hace sombra y le estorba a la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico de la SCT pero que está adscrita directamente a la Oficina de la Presidencia de la República. Un nuevo coordinador de la EDN silente y ausente, pero seguramente ocupado y preocupado por resolver el nudo gordiano digital de México.

Es claro que Artís Espriú no está obligado a dar declaraciones a la prensa ni a tener un protagonismo mediático. Pero es evidente que en políticas digitales los números y las estadísticas sí hablan y mucho. Se agradece su discreción, pero también provoca inquietud. Dice su perfil en la Presidencia de la República que está “encargado de hacer cumplir el compromiso de conectar y comunicar a todo el territorio nacional a través de Internet” y eso esperamos. Ya existe suficiente experiencia internacional ante un tema -el digital- que los gobiernos más avanzados consideran estratégico, lo abordan al más alto nivel de liderazgo y lo consideran la infraestructura neurálgica del siglo XXI.

Es evidente que, sin haber logrado sus objetivos, la EDN del sexenio pasado quedó superada y además cuestionada. ¿Cuál es el diagnóstico, el problema público a resolver, los objetivos, las estrategias, las líneas de acción, los indicadores y las metas de la estrategia digital de la Cuarta Transformación? ¿Cuál es la visión del México digital hacia 2024?

Twitter: @beltmondi

 

JorgeBravo

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM

En comunicación

Estudio los medios de comunicación, nuevas tecnologías, telecomunicaciones, comunicación política y periodismo. Autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente