La incorporación de más mujeres en la vida económica ha sido uno de los desafíos más grandes a los que se ha tenido que enfrentar nuestro país, especialmente en los últimos años. En lo personal, estoy convencida que México estaría creciendo económicamente a pasos agigantados si más mujeres estuvieran incorporadas en la toma de decisiones estratégicas, específicamente en la alta dirección y en los consejos de administración de las empresas nacionales. He de ahí la importancia de abordar este tema, destacando los beneficios que tiene la participación económica femenina y los resultados que esta puede entregar en pro de México.

Está comprobado, por distintos estudios realizados por la OCDE, que el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo tiende a producir un crecimiento económico más acelerado y sostenido. Asimismo, hablando específicamente de su involucramiento en funciones directivas; análisis de la consultoría McKinsey & Company han demostrado que la participación femenina en los consejos de administración de las empresas registra un retorno de capital 44% mayor que en aquéllas que sólo están conformadas por hombres.

Nuestro país ha logrado grandes avances en torno a la igualdad de género; no obstante, aún queda mucho por hacer. Según el informe sobre la brecha de género internacional, elaborado por el World Economic Forum, México ocupa el lugar 50 de 149 países; sin embargo, cuando se trata de la Participación Económica y Oportunidades en la Fuerza Laboral, caemos a los lugares 122 y 124, respectivamente; incluso por debajo de países como Angola, Guatemala y la República Democrática del Congo.

Sin duda, estas cifras nos demuestran que la inclusión de las mujeres en la vida económica del país, así como el aseguramiento de espacios de liderazgo para las mismas, debe ser una de las tareas prioritarias en nuestra agenda política y social. Por ello, como Diputada Federal, presenté una iniciativa cuyo objetivo es reformar la Ley del Mercado de Valores para incorporar la perspectiva de género y, específicamente, para alcanzar una representación de 30% de mujeres en puestos de la alta dirección de las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores en un plazo no mayor a seis años; algo sumamente importante, especialmente porque, en México, sólo 7.4% de los consejos de administración cuentan con la participación de mujeres.

Estoy convencida que esta iniciativa abrirá paso a una cultura de igualdad al interior de las empresas; lo que, a su vez, se traducirá en una ventaja comparativa para las mismas. Además, es importante que la transparencia también sea una constante en la vida corporativa; razón por la que contemplé que esto fuera una obligación de ley; que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, órgano regulador en la materia, revele la integración por género de los consejos de administración, así como de todos los mandos directivos de las empresas, y no, únicamente, como parte de la Circular Única de Emisoras, ya emitida en el 2017.

Es contradictorio que, a pesar de que las mujeres representamos más de 50% de la población nacional, aún no existen las condiciones necesarias que nos permitan acceder a una vida igualitaria. Ahora, más que nunca, estoy convencida que el tema de equidad de género ya no debe ser visto únicamente como una cuestión de justicia social, sino como un asunto de eficiencia, rentabilidad y desarrollo económico.

Hoy después de años en esta lucha, somos muchas más las mujeres con la capacidad, experiencia y liderazgo necesario; listas para participar en la toma de decisiones corporativas y para hacer de México, un país con más bienestar social, menos desigualdad y más crecimiento económico.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.