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Opinión

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Microfinanzas en movimiento: la segunda revolución microfinanciera

Desde su creación, al microcrédito le atribuyeron, ingenuamente, como la historia ha demostrado, poderes milagrosos.

La segunda revolución microfinanciera tiene lugar a partir de la Cumbre del Microcrédito, celebrada en Washington a principios de 1997 con el apoyo de Muhammad Yunus, Hillary Clinton, la Reina Sofía y otras personalidades. Asistió también Vicente Fox.

Ahí se estableció como meta para el 2005 que 100 millones de las familias más pobres del mundo, sobre todo mujeres, tuvieran acceso al crédito para autoempleo y micronegocios. La experiencia del Grameen Bank, conocida en algunos sectores, con este evento adquiere dimensiones mundiales.

Su tema insignia, microcrédito igual a menor pobreza, provocó un eco en el mundo del desarrollo. Tantos años buscando la piedra filosofal para erradicar la pobreza y, por fin, se encuentra con ella. Ahí empieza a darse el llamado evangelismo microfinanciero , con predicadores entusiastas que propagan el microcrédito como la solución. Esto explica la expansión del microcrédito, como arma para erradicar la pobreza.

A partir de entonces se empiezan a visualizar algunos cambios importantes que reconfiguran el movimiento. Además de una expansión acelerada, el microcrédito empezó a atraer la mirada de la cooperación y de organismos internacionales. Habiendo encontrado la llave para disminuir el número de pobres en el mundo, el círculo vicioso de la pobreza -bajos ingresos, baja educación, salud deficiente- se rompería y gracias al microcrédito tendría lugar un círculo virtuoso. En pocas palabras, al microcrédito le atribuyeron, ingenuamente, como la historia ha demostrado, poderes milagrosos.

Conviene precisar las características de este movimiento del Grameen para más adelante confrontar, diferenciar y segregar las diversas expresiones actuales de las microfinanzas. Podemos enunciar tres componentes identificatorios: crédito basado en la confianza (los pobres difícilmente cumplen requisitos para acceder al crédito); existencia de grupos de confianza en la que el grupo se convierte en aval; tasas de interés que no descapitalizan a los pobres, sino que permiten crear patrimonio material y humano.

Esta segunda revolución trae consigo varias novedades: proliferación de pequeñas instituciones en todo el mundo; entre ellas, muchas ONGs se convirtieron en importantes protagonistas; acelerados y crecientes flujos de donaciones; surgimiento de nuevas metodologías innovadoras; aparición de especialistas y consultores.

Asimismo, se empiezan a diluir los tres componentes identificatorios: microcrédito no siempre se basa en la confianza; grupos de apoyo dejan de ser condición del microcrédito, y tasas cada vez más elevadas, en lugar de capitalizar, descapitalizan a los pobres.

En síntesis, durante esta segunda revolución (1997-2007) se mezclan intereses auténticamente humanitarios -microcrédito como instrumento para potenciar a los pobres y disminuir la usura- con intereses claramente financieros, que descubren el nicho de mercado de los pobres para elevar sus ganancias.

Es este último fenómeno el que representa el giro más importante y que marcará la más reciente etapa de la historia microfinanciera, que será abordada en la siguiente contribución.

Aclaración. En el artículo anterior se introdujo esta frase: los microcréditos se deben enfocar a los negocios, no al financiamiento personal. Esta frase no es mía, ni la suscribo. Afirmo lo contrario. Los microcréditos no se deben enfocar exclusivamente a negocios, sino a las necesidades de los pobres.

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