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Opinión

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México: nota roja, entre el estigma y negocio

Quizá hay menos crímenes, pero son más espectaculares. La nota roja se ha vuelto un gran show y la inseguridad, un enorme negocio.

La inseguridad es dolor privado y pesadilla colectiva. Siembra el luto en cientos de hogares por día y cuesta 1.1 billones de pesos anuales, 8% del PIB, calcula el académico Carlos Mendoza.

Tenemos las estadísticas y la percepción. Las cifras oficiales nos dicen que México es menos violento ahora que hace tres lustros, según el artículo que Fernando Escalante Montalvo publicó en Nexos hace un trimestre. Eran 16 homicidios por cada 100,000 habitantes en 1990 y la tasa bajó a ocho por cada 100,000 en el 2007. El académico del Colegio de México nos entrega las cifras y nos deja con la duda, si los números nos dicen que estamos mejor, ¿por qué nos sentimos peor?

Los asesinos se han convertido en escenógrafos e instaladores. Sus fechorías son repugnantemente espectaculares:

Tiran cabezas en una discoteca en Guerrero, cuelgan cadáveres en un puente de Cuernavaca como si fueran narcopiñatas. Ejecutan a cantantes famosos a unos metros del escenario. Utilizan las redes sociales para difundir mensajes. Cobran la vida de 16 estudiantes de preparatoria en una fiesta en Ciudad Juárez. Persiguen y matan a periodistas asesinados en Michoacán, Tamaulipas, Coahuila y otros estados. Integran comandos de 50 personas que lo mismo irrumpen en un hotel de Monterrey que se apoderan de poblados como Creel, durante una hora.

¿Qué se necesita para acabar con la violencia que existe en México?

preguntaba ayer el portal Yahoo! de México. No está solo. Somos millones los mexicanos que nos hacemos la misma pregunta y la preocupación toma fuerza, también, entre la clase empresarial. La inseguridad es el factor principal que limita la actividad productiva, dice 48% de los consultados en el barómetro trimestral de la consultora Deloitte. Hace apenas un año era 15% el que pensaba así. La inseguridad ha desplazado a la situación de Estados Unidos y la falta de acuerdos entre la clase política.

Los mexicanos gastamos 16,500 millones de pesos por año en atención médica y psicológica, relacionada con la violencia. El gasto en protección y seguridad ha crecido 500% en los últimos tres lustros. Candados, rejas, alarmas, armas, blindajes y guardias son parte creciente de nuestro paisaje.

El mercado de la seguridad privada llegó a 41,000 millones de pesos en el 2008, según publicó El Economista en diciembre del 2009.

Daño psicológico, distorsión del presupuesto de los hogares, las empresas y los gobiernos. Merma en la calidad de vida. Baja en la productividad. Todo eso provoca la violencia y, además, amenaza con convertirse en un estigma nacional. La imagen internacional de nuestro país se relaciona cada vez más con la inseguridad y eso perjudica el turismo y la atracción de inversiones extranjeras.

No hablen mal de México, pide el presidente Calderón. Nuestras estadísticas de inseguridad son mejores que las de Brasil o Colombia, afirma el Mandatario. Tiene razón, la tasa de homicidios de Río de Janeiro o Medellín supera ampliamente el promedio nacional. El asunto es que nosotros no nos comparamos con aquellos países, sino con nosotros mismos y sentimos que hay un deterioro en nuestras condiciones de seguridad. Quizá hay menos crímenes, pero son más espectaculares.

La nota roja se ha vuelto un gran show y la inseguridad, un enorme negocio.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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