Cada seis años es la misma cantaleta: los partidos políticos se dedican a buscar el voto a través de provocar miedo, de desatar la ira o simplemente de vender imágenes atractivas.

Durante la campaña presidencial del violento 1994, el partido que en ese entonces estaba en el poder nos vendió el voto por la paz. Y lo lograron, el sufragio del miedo permitió al PRI seguir en el poder aunque con el menos priísta de los presidentes, Ernesto Zedillo.

Vicente Fox ganó las elecciones con muy escasas propuestas pero con la esperanza generalizada de que el sacaría al PRI de Los Pinos. Lo hizo, pero lo que en su lugar aportó fue muy poco.

Hace seis años, con la posibilidad real de que ganara la Presidencia Andrés Manuel López Obrador se acuñó la frase un peligro para México que, más allá de discutir su fondo, fue un golpe bajo para las aspiraciones de este político.

Fue así como llegó Felipe Calderón a la Presidencia, en medio de un conflicto pos­electoral que manchó las posibilidades de acuerdos durante su mandato.

Zedillo, Fox y Calderón han tenido otro común denominador además de las campañas electorales: un Congreso paralizado, totalmente inútil, que se ha convertido en un lastre para México.

Por eso, ahora que regresa la propaganda sucia a los medios y que el PRI argumenta que México está paralizado, la realidad es que tiene razón.

Está paralizado porque somos rehenes de ellos, los priístas, pero también de perredistas, panistas y chiquillería que les acompaña, que han sentado en el Congreso su centro de operaciones electorales.

La revista The Economist de Gran Bretaña publicó hace unos días algo que sabemos muy bien acá pero que ayuda a que el mundo se horrorice y se indigne con el Congreso que tenemos.

Decía este influyente medio que los legisladores mexicanos son los que menos laboran pero están entre los que más ganan en toda América Latina. Trabajan sólo 195 días al año y ganan 11,200 dólares al mes.

Aunque eso de que trabajan casi 200 días es un decir. Y no tanto porque sus vacaciones de fin de año terminen el próximo mes de febrero, sino por el hecho de que calentar la curul o el escaño no significa trabajar. Sus resultados son muy pobres.

Como vivimos bajo la bota presidencial durante tantos años, no somos una sociedad acostumbrada a pedir cuentas a nuestros supuestos representantes en las cámaras de Diputados y Senadores.

Los lugares comunes al momento de responsabilizar la falta de avances apuntan siempre en la misma dirección: la culpa es del gobierno. Es responsabilidad del Presidente.

Los diputados y senadores ahora, a diferencia de las épocas del presidencialismo priísta, tienen poder, que no usan para decidir, para dirigir, sino con el objetivo de bloquear, paralizar. Lo utilizan para su bienes­tar personal.

Los ejemplos sobran desde 1997, que ningún partido ha obtenido mayoría calificada en el Congreso.

Entre los casos más recientes y patéticos está la reforma laboral. El PRI rechazó la propuesta del PAN. En su lugar, planteó otra iniciativa que dejaba libres de revisión o modernización a sus aliados los líderes sindicales. Bien, pues esa iniciativa que aunque rasurada implicaba modernizar el terreno laboral es bloqueada por el mismo Partido Revolucionario Institucional. O sea, paralizan México.

El PAN, mientras tanto, ha sido incapaz durante las dos últimas legislaturas de respaldar adecuadamente las propuestas de un presidente como Calderón que, aunque sigue gobernando, ya no se anima a plantear cambios estructurales.

Y el PRD simple y cínicamente dice que no a todo y no plantea nada a cambio. Éstos, junto con sus otros aliados que se hacen erróneamente llamar progresistas, son los más dañinos en el Congreso.

Y todos juntos, esos partidos políticos se tardaron 14 meses para elegir dos consejeros electorales porque lo veían como una disputa de poder, no como una obligación con los ciudadanos.

Todos institutos políticos que ahora quieren nuestros votos, porque nuestro dinero ya lo tienen, se han tardado cinco años en aprobar las leyes que son indispensables para combatir al crimen organizado. Pero se quejan de la guerra contra la delincuencia.

Estos señores se dedican a emitir puntos de acuerdo para quejarse de todos los demás, a citar a comparecencias para jugar al gran juzgador, a crear comisiones especiales para no resolver los problemas y a dejar sus lugares en el Congreso cuando buscan su siguiente puesto de gobierno.

Entonces sí, la campaña de propaganda sucia del PRI es correcta: México está paralizado. Aunque la frase correcta sería: estamos paralizando México desde el Congreso.