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Opinión

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Mejor elección que encuesta

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L.M. Oliveira

Los partidos políticos mexicanos temen a las elecciones primarias y por ello usan encuestas para elegir a sus candidatos, ya no solo para presidente, sino para toda elección local. Hacer encuestas tiene ventajas en un país tan revuelto como México: se evita la injerencia de los rivales, ya gobierno o partidos de oposición, y es menos probable un escenario de impugnación de resultados que haga temblar la unidad. Así pues, a los partidos les ayuda a solucionar disputas (a quién le toca) sin arriesgarse a rupturas; todo esto, además, con menor costo económico y logístico. ¡Puras ventajas!

El problema es que esas ventajas van en detrimento de la vida democrática del país. Piense usted lo siguiente: ahora que se levanta la encuesta de Morena, Mario Delgado ha pedido a sus corcholatas que respeten la veda (el silencio) para que los ciudadanos mediten su elección. Es ridículo: nadie tiene incentivos para meditar su decisión: no se puede saber si te corresponderá opinar en la encuesta (es poco probable que te corresponda hacerlo) y, peor, como no se trató de una campaña ni hubo debates ni confrontación de ideas, solo posicionamiento de marca para aumentar el reconocimiento. Las personas carecen de razones para evaluar su elección.

El derecho a la participación política, y el sufragio efectivo en particular, es un derecho ganado en arduas batallas contra gobiernos autoritarios. La ciudadanía debería oponerse a su cancelación de facto. Votar es distinto a opinar de chiripa en una encuesta: las personas conocen las fechas en las que habrá elección,  escogen o no ejercer su derecho, y se preparan para ello. Así, hallan motivos para informarse sobre las distintas alternativas y debatir cuál es mejor. Esto propicia que las personas no solo participen sino que se involucren en la elección de su futuro. La de México, por más que el presidente diga que el pueblo ya se politizó, es una sociedad con pobres costumbres democráticas: ni suele debatirse, ni dar argumentos fuera de tiempos electorales, además, como llueven a raudales propaganda y noticias falsas, el hecho de cancelar las precampañas (es lo que hicieron) le quitó a la ciudadanía elementos para informarse y decidir; es un atentado contra el futuro, se le pedirá a los afortunados encuestados elegir a ciegas sin haber escuchado ni leído los programas de gobierno, las criticas de unos contra otros, el debate sobre el camino a seguir. Solo les quedará la lealtad o la rabia. Las primarias tendrían que estar en la ley y ser insoslayables. Pero no, Morena (quién sabe si el Frente) elegirá candidato vía preferencias, como si las corcholatas fueran refrescos de cola sin etiquetado: muchas veces las personas los prefieren aunque las enferme. Qué pena da la política mexicana.

Para terminar, un asunto práctico: los encuestadores lo han estudiado y sostienen que la soledad detrás de la mampara, frente a la urna, ayuda a que las personas elijan con libertad (lo de las fotos con teléfono inteligente es un problema que debemos enfrentar). Qué duda cabe que una cuadrilla de levantadores de encuesta y representantes de corcholata inhibe y puede condicionar el voto: imaginen que entre los representantes está quien decide si te toca o no algún beneficio; y sumemos a ello el temor, aunque sea infundado, de que tal persona pueda conocer la elección que se realiza en urna falsa y, en consecuencia, castigar al encuestado si no elige a la corcholata indicada. Mejor elecciones primarias, aunque cueste dinero y los partidos se arriesguen a romperse.

Twitter: @munozoliveira

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L.M. Oliveira

L.M. Oliveira es escritor. Autor de "El mismo polvo" y "El oficio de la venganza". Es Titular A en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y El Caribe.

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