La era digital, a pesar de todos sus beneficios maravillosos, ha provocado algunas lamentables bajas a su paso. Uno de los sectores más afectados ha sido el periodismo impreso como medio de información.

A pesar de todos sus defectos, los periódicos impresos aportan una gran cantidad de información, un control de calidad editorial y una capacidad para reconocer errores que es difícil de encontrar en lo que ahora se conoce como periodismo de “noticias”.

Con los cambios, estamos perdiendo algo que siempre he apreciado: el caricaturista político. Durante siglos, se ha convertido en una voz influyente en los debates públicos, pero en la actualidad se encuentra entre nuestras especies más amenazadas.

Según Drawn & Quartered, un libro sobre una historia de caricaturas políticas estadounidenses, escrito por Stephen Hess y Sandy Northrop, 2,000 caricaturistas editoriales fueron empleados hace un siglo; ahora, se estima que la cantidad oscila entre dos docenas o quizás 40 (en Estados Unidos).

Un rasgo político destacado a través del humor puede tener más fuerza que la misma idea, pero representada con palabras.

Algo más, muchos ciudadanos que no se tomarían el tiempo necesario para leer un ensayo son atrapados por una caricatura bien dibujada y con un mensaje inteligente.

Confieso que, durante mis días de juventud en Washington, leía a algún articulista de manera ocasional, pero nunca me perdí una caricatura de Herblock en el diario The Washington Post.

Tenemos que reconocer que nuestras risas corren peligro conforme los caricaturistas van desapareciendo de los periódicos. Durante un cuarto de siglo, Gary Varvel deleitó a los afortunados lectores del periódico Indianapolis Star; sus dibujos los hacía con oficio de artesano y con clara perspicacia.

Nuestros mejores caricaturistas nos han recordado las debilidades, fraudes y fracasos de políticos a quienes les hemos confiado el poder, y han ayudado a mantener el saludable escepticismo entre la sociedad, el mismo que incentiva la libertad de pensamiento.

Durante el reciente viaje del actual presidente de Estados Unidos a Reino Unido, un grupo de caricaturistas lo ridiculizó con imágenes sarcásticas proyectadas en edificios y vallas publicitarias dibujándolo como un burro.

El líder del grupo explicó : “Al reírse de ellos (políticos), se les puede reducir su poder”.

Con una caricatura de Varvel casi siempre se burlaba de aquellos que infringían nuestras libertades en lugar de protegerlas.

Aunque sería un error pensar que la expresión “desagradable” se originó gracias al trabajo Thomas Nast; debido a sus caricaturas ingeniosas, se le podría considerar como el padre de las caricaturas políticas estadounidenses.

No es necesario estar de acuerdo con sus opiniones para apreciar la habilidad de aquellos que ven los debates públicos con ojos más imaginativos que los nuestros.