Segunda y última parte

Hay muchos estudios que demuestran cómo los grandes cambios se logran con pequeños pasos, si se dan de manera progresiva y en la dirección correcta. Si se logra construir sobre el anterior. 

En la primera parte hablamos de Martha, una lectora, profesionista independiente, sin ahorros y con una deuda en su tarjeta de crédito. Vimos cómo ella podía hacer algunos pequeños cambios que le permitirían ahorrar por lo menos 100 pesos cada semana. Ese dinero lo podría ocupar ya sea para abonar a su tarjeta de crédito, o construir un pequeño colchón que le permita enfrentar algún imprevisto, o un futuro gasto irregular, sin tener que endeudarse más. La solución no es obvia y muchas veces lo que puede ser financieramente más óptimo, no es lo que mejor funciona. Depende de cada persona y eso es importante tenerlo claro.

Ahora bien, cuando Martha termine de pagar su deuda, al haberse liberado de ese compromiso tendrá más dinero disponible. Podría entonces incrementar su ahorro: completar su fondo para emergencias o incluso incorporar los gastos irregulares en su presupuesto, de tal forma que cuando se presenten, no necesite endeudarse.

Esto es algo trascendental, que nos permite por primera vez en la vida tomar control de nuestro flujo de efectivo. No tener que pagar las vacaciones familiares a “meses sin intereses” o tomar un crédito de auto que nos genere una nueva obligación por varios años. ¿Te suena como algo imposible de lograr? Es simplemente un cambio de paradigma.

Hace muchos años compré mi primer coche a crédito, como la mayoría de las personas. Fue un préstamo promocional, a una tasa de interés relativamente baja, a un plazo de tres años, aunque lo terminé de pagar antes (en poco más de dos años) dando pagos anticipados.

Una vez liquidado, decidí seguir “pagando” una mensualidad menor, pero no a la financiera, sino a mí mismo. Incorporé a mi plan de gastos la categoría “reemplazo de auto”. Personalmente cuido mis mucho mis coches y les doy un mantenimiento adecuado. Por eso me duran muchos años. No necesito cambiar cada tres o cuatro años, como mucha gente. Desde entonces no he vuelto a comprar un auto a crédito.

Hacer eso me da muchas opciones y una gran flexibilidad financiera. Recuerda: cuando tienes un crédito, tienes la obligación de pagar una mensualidad fija durante ese plazo. En general no la puedes bajar. ¿Qué pasa si surgen nuevas necesidades? Por ejemplo: recibes la noticia de que serás papá en unos meses.

En cambio, si en lugar de un crédito, el pago del auto es simplemente una categoría de tu plan de gastos, siempre puedes optar por reasignar prioridades. Te permite tomar decisiones: a lo mejor reasignas parte de lo que tienes ahorrado a algo que es más importante, o simplemente reduces el monto que destinas a esa categoría para dar preferencia a otra. Esa libertad es maravillosa, pero mucha gente no la experimenta porque está acostumbrada a financiar todo.

Pero todo esto no se logra de la noche a la mañana. No puedes quitarte los compromisos que has adquirido de un día para otro. Lo tienes que hacer poco a poco. Pero sí puedes empezar con cambios pequeños que te puedan ayudar a tener un poquito más flexibilidad financiera.

¿Sientes que ahorrar 15% de tu ingreso para el retiro es imposible? Yo me sentiría igual. ¿Qué tal si empiezas con % nada más? Son unos cuantos pesos al mes que seguramente no extrañarás. Eso te permitirá ir formando una disciplina, un hábito, sobre el cual podrás construir.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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