Trump y López Obrador no hablan el mismo idioma pero sí hablan el lenguaje del nacionalismo.

Ambos llegan a la Presidencia empujados por el hartazgo social que gran parte de la demografía refleja en las redes sociales.

Trump y López Obrador han colocado interrogantes al trato recibido de medios de comunicación. Ambos cuestionan el papel de las élites frente a los olvidados. Ambos encuentran en la polarización el esquema perfecto para articular una retórica pedagógica.

Trump y López Obrador son etnocéntricos. Uno critica a los organismos multilaterales y el otro contemporiza a la doctrina Estrada; Trump saca a su país del Acuerdo de París y López Obrador señala la importancia de la “no intervención”. Uno dice “Make America Great Again” y el otro asegura que la mejor política exterior es la política interior.

Los dos llegan a la Presidencia caminando sobre los escombros ideológicos de los partidos que les rodean. Trump, como outsider, utilizó al partido Republicano para embonar su discurso en la dialéctica antidemócrata; Obrador se tuvo que reinventar en Morena para escapar del herido de muerte PRD y así, competir contra el PRIAN.

En realidad, la relación de Trump con Peña Nieto no fluye por sus enormes diferencias. Al presidente mexicano le oxigenan las formas ortodoxas de la política; piensa en los símbolos como escudos de defensa. Trump, por el contrario, huye de las formas. Le incomodan, y como tal, opta por ser un personaje heterodoxo. Su lenguaje es brutal mientras que el de Peña es ornamental.

A Obrador lo han transformado las dos elecciones anteriores (2006 y 2012). Se ha convertido en un receptor de esperanzas en un México que vive en permanente susto. En Estados Unidos, la mitad del país intuye que los apellidos Clinton y Bush forman parte de la misma familia política.

Uno los identifica como “la mafia del poder”, otro los dibuja como parte de un pantano al que prometió drenar.

Durante 39 minutos ambos se encontraron a través del teléfono. Es obvio que existió “química” entre ellos a pesar de que no hablen el mismo idioma. Trump reveló su escarceo con el ganador de las elecciones mexicanas en medio de una conferencia conjunta con el primer ministro de Holanda, Mark Rutte.

Obrador le dijo a Trump lo que quiso decirle; Trump le dijo a Obrador lo que quiso decirle. Se trata del primer contacto.

Trump reveló que durante la conversación con López Obrador ambos abordaron el tema comercial. El reporte de la Casa Blanca señala el interés de negociar un acuerdo comercial bilateral (sin Canadá); sin embargo, López Obrador también sostuvo una llamada telefónica con Justin Trudeau. La oficina del primer ministro canadiense reveló el interés por firmar el TLCAN a tres partes.

Es el inicio de la relación bilateral entre Trump y López Obrador; su vínculo entre ambos es el etnopopulismo. Con él sostienen una comunicación eficiente con sus bases de apoyo.

Uno está drenando el pantano de Washington. ¿Y Andrés Manuel, lo hará también?

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.