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Opinión

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Las dos lecciones de la saga de Tesla

Por fin se confirmó lo que se sabía hace semanas, la “Gigafactory” que Tesla planeaba construir será en Santa Catarina, Nuevo León. Fiel a su estilo priista, el presidente aplicó la vieja jugada de crear un problema que solo él puede solucionar para después adjudicarse el crédito. Algunos parecen haber caído redonditos. De acuerdo a algunos medios, pareciera que el gobierno federal es el responsable de atraer esta inversión. Pero la realidad es que es un proceso de trabajo de meses por parte de la Secretaría de Economía de Nuevo León y del gobernador.

Pero a la luz de lo que sin duda es una noticia positiva para el país y Nuevo León vale la pena hacer algunas precisiones.

Primero, las alternativas de ubicación siempre fueron Santa Catarina o EU.

Como comentaba en este espacio la semana pasada, la decisión de la ubicación de una planta automotriz no es sencilla. A nivel general se vuelven cruciales variables como la conectividad, infraestructura, acceso a recursos como energía eléctrica, gas natural y agua; la disponibilidad de infraestructura, tierra y mano de obra calificada a precios competitivos; y, quizá lo más importante, la existencia de un ecosistema de proveedores y empresas similares. Por estas razones y otras seguramente confidenciales, Tesla había decidido realizar su inversión en Santa Catarina y no era viable otra alternativa —Tizayuca, Michoacán, Tabasco— en el corto plazo.

Pero lo que tampoco era una posibilidad, era que la planta se fuera a otro país como Indonesia que se llegó a mencionar. El mercado de Teslas en México es limitado y estamos a años de contar con la infraestructura de carga para vehículos eléctricos de baterías (BEVs).

La planta de Tesla, como casi todas las armadoras en México, es principalmente para exportar vehículos a EU. Y gracias al Inflation Reduction Act, los compradores de autos eléctricos fabricados en Norteamérica pueden ser beneficiarios de un subsidio de hasta 7,500 dólares. Por eso la “Gigafactory” iba a estar en Norteamérica de una forma u otra. Es fundamental que entendamos que nuestra verdadera competencia para atraer inversiones es el “sur” de EU. Tenemos que formular políticas públicas y estrategias a partir de ello, no de una supuesta competencia con países como Indonesia o Brasil.

Segundo, el presidente no se equivoca al preocuparse por la situación en Monterrey y en el norte.

No es solo el agua que fue un problema importante el año pasado para la población de la zona metropolitana de Monterrey, es la planeación urbana. Monterrey, al igual que otras ciudades del norte, es víctima de su propio éxito. El crecimiento económico reciente como resultado del nearshoring está provocando un desarrollo importante de la principal ciudad del norte del país. Según estimaciones, la ciudad está ganando más de 150,000 habitantes al año. Lo que provoca una necesidad de inversión en vivienda, infraestructura, escuelas, hospitales, transporte y sí, agua.

Pero el presidente hace mal en intentar combatir estas fuerzas económicas. Las empresas seguirán buscando ubicarse en el Norte y Bajío por las condiciones mencionadas previamente. Y la gente seguirá migrando a Monterrey, Juárez y Tijuana porque, a pesar de los problemas de seguridad, hay empleos mejor pagados. Es fundamental invertir en la infraestructura necesaria para recibir a esta migración interna inevitable.

Al final esta saga una vez más nos demuestra que, aunque a veces el presidente tenga razón, pareciera que su gabinete más que quererlo ayudar, está aplicando viejos trucos camachistas.

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