El mundo empresarial como se conocía hasta hace unos años ha cambiado y como consecuencia las relaciones humanas han evolucionado.

Esta premisa requiere que al interior de las organizaciones exista un mayor compromiso con los colaboradores y se fomente el desarrollo de mejores seres humanos, lo que permite incrementar la productividad de las labores cotidianas y forja un mejor futuro para las personas y su entorno.

A pesar de que se trata de un tema que ya analizaban los pioneros y los clásicos de la teoría económica, parece alcanzar un lugar preponderante en el día a día del quehacer empresarial del México moderno.

Los tradicionales factores de la producción de cualquier análisis —tierra, capital y fuerza de trabajo— deben añadir a sus valoraciones el término que revoluciona la forma de operar de cualquier ente: el capital humano.

Quien considera como equivalentes a la fuerza de trabajo y al capital humano sólo por ser partícipe en el uso de los términos de moda, se aleja rotundamente de la realidad y de la evolución conceptual que hoy permite  a diversas empresas alrededor del mundo lograr sus objetivos y mejorar la calidad de vida de sus colaboradores.

Un trabajador es quien presta un servicio y lo hace en una relación de subordinación.  Al individuo que participa con este carácter en el logro de objetivos de una organización, se le atribuyen una serie de prerrogativas que en diversas etapas de la humanidad han sido menoscabadas por quien lo contrata.

El capital humano refiere a la inversión en los empleados de una organización mediante educación dirigida a dos vertientes: la que se orienta al ámbito de lo personal y la que se enfoca al mejor desempeño de su trabajo, también conocida como capacitación o adiestramiento. La inversión en educación redunda en un mejor desempeño de las labores que lleva a cabo un trabajador y como consecuencia de ello lo conduce a la autorrealización, lo motiva a la superación y a buscar mejores condiciones de vida, creando un círculo virtuoso que permeará al medio ambiente ajeno al centro de trabajo.

La educación se constituye en una herramienta que genera al ser humano una perspectiva de vida diferente a la que tenía antes de acceder a ella, para quien la otorga es una oportunidad de aportar a una sociedad de calidad y con ello optimizar estándares de operación: la búsqueda a ultranza de rentabilidad vinculada a la capacitación sin añadir elementos que mejoren la vida de los trabajadores no necesariamente permite alcanzar los objetivos planteados.

Existen diversos estudios que analizan al capital humano y  establecen una relación directa y medible entre la educación y los ingresos que percibe una persona con vocación para el trabajo fundamentada en una formación académica sólida y creciente.

En el documento Panorama de la Educación 2017 emitido por la OCDE, en la nota-país correspondiente a México, existen cifras que revelan áreas de oportunidad para nuestro país:

En el 2016, 53% de los adultos entre 25 y 34 años tiene una escolaridad por debajo del nivel medio superior y 63% para personas entre los 25 y los 64 años.  Los promedios de la OCDE son de 16% y  22% para esos rangos de edad.

Sólo 17% de las personas entre 25 y 64 años han cursado estudios de nivel superior.

En México la tasa de empleo para personas con estudios menores al nivel medio superior es de 65%, nivel medio superior 70% y nivel superior 80%; los promedios de la OCDE son de 57%, 75% y 84  por ciento.

La ocupación es mayor cuando se incrementa el nivel de estudios y lo mismo ocurre con los ingresos, cuyos montos son mucho más altos proporcionalmente en México respecto de otros países de la OCDE.  Las siguientes estadísticas nos permiten apreciar las diferencias que genera la formación profesional en materia de ingresos en México:

Un trabajador a nivel técnico superior universitario percibe en promedio 30% más que aquel con educación media superior.

Si cuenta con licenciatura percibe más del doble respecto del que sólo estudio a nivel medio superior.

El grado de maestría o doctorado permite generar ingresos que cuadriplican los que obtiene quien sólo estudió una licenciatura.

Si el nivel de ingresos se incrementa es consecuencia de la productividad que una persona formada profesionalmente puede aportar a una entidad.  Un mayor nivel de ingresos propicia estabilidad en el empleo —lo cual debe complementarse con otro tipo de elementos, como aquellos que aportan salud y bienestar al trabajador y a su entorno familiar— y con ello una mayor experiencia, parte fundamental del capital humano. Las reformas propuestas a la Ley Federal del Trabajo por parte de la fracción parlamentaria del PRD, promovidas por el diputado Julio Saldaña Morán, refieren a procesos de administración integral del capital humano, lo cual no está en contra de la tradicional y reconocida denominación de trabajador que la misma ley contempla.

No merma derechos ni orienta a situaciones diferentes la adición de este tipo de conceptos, al contrario, enriquece a la codificación laboral la inclusión de este precepto.

El trabajador seguirá siendo el sujeto materia de derechos y beneficios irrenunciables, el capital humano refiere a inversión y a estructuras que permiten acreditar la calidad de patrón de quien debe ostentarla en las relaciones de subcontratación.

Ante el probado vínculo existente entre la educación y la mejor calidad de vida e ingresos de los trabajadores, se deben promover estructuras y empresas que mediante administración integral del capital humano acerquen al trabajador a sus ideales personales y profesionales.

Un empleado capacitado, con experiencia y salud será promotor de mejores empresas y de una sociedad con mejores elementos para aportar al país.

*El autor es director general del Centro Administrativo de Desarrollo Empresarial y asesor de GINgroup.