Anunció, por fin, Enrique Peña Nieto la integración de su equipo de transición. Advirtió que ese grupo de trabajo no debe entenderse como el antecedente de lo que será su gabinete. Sin embargo, es claro que este pronunciamiento requiere de interpretación. El Presidente electo quiere reservarse márgenes de acción y no quedar atado a un elenco definitivo. Con todo, ya se perfilan en esas designaciones las figuras del poder en el futuro gobierno.

En su columna de ayer, Luis Miguel González presentó una fotografía de los principales funcionarios en el equipo de transición con un enfoque económico. No es posible inferir a partir sólo de esos nombres cómo será la política económica del próximo sexenio, aunque, claramente, invitan a hacer deducciones con cierto margen de confianza. Y esto último, no únicamente en razón de las trayectorias académicas y profesionales de esos funcionarios, sino por la predominancia en el equipo que rodea a Peña del economista Luis Videgaray.

Por la formación y los antecedentes de Videgaray, así como de Ildefonso Guajardo, Gerardo Ruiz Esparza, Enrique de la Madrid e Ignacio Peralta, cabe suponer que tendrán poca injerencia en el diseño de la política económica del próximo régimen los economistas del viejo corte, de la tradición dirigista y estatista, que no escasean en el PRI actual.

Para nadie es secreto -ni para los editorialistas de La Jornada- la cercanía profesional de Videgaray con el exsecretario Pedro Aspe, con quien trabajó. (Ambos obtuvieron su licenciatura y doctorado en las mismas instituciones académicas). Si bien los rumores son sólo eso, algo tiene de indicativo la especie que circuló con persistencia de que Aspe podría ser invitado por EPN para regresar a la Secretaría de Hacienda. Aunque no ocurra así, su influjo intelectual y doctrinario ya se percibe sobre la próxima administración económica.

En el muy conocido libro de la autoría de Aspe, El camino mexicano de la transformación económica, creo que es posible captar el espíritu -aunque, quizá, no las acciones concretas- de cómo se planteará la política económica con Peña Nieto: reformas estructurales para procurar mayor competitividad, productividad y dinamismo de la planta productiva; políticas económicas sensatas para defender los salarios y asegurar un crecimiento sostenido y alineación de los incentivos individuales de los agentes económicos con las estrategias del gobierno, con el fin de que se concreten las aspiraciones básicas de las grandes mayorías.

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