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La mafia sindical
En el fin de semana, leí un libro del periodista mexiquense Francisco Cruz Jiménez, titulado Los amos de la mafia sindical. En su escrito, el autor critica los gustos y las excentricidades de una clase sindical enraizada en la opulencia y el poder .
Sobre los amos de la mafia sindical -transcribo-: rescata ocho historias de larga duración que muestran no sólo a los ocho dirigentes más poderosos del país, sino las perversiones y deformaciones de una burocracia sindical que se queda con la enorme fortuna de las cuotas de sus agremiados, sobre las cuales no hay transparencia ni control .
Las ocho historias de larga duración , muy bien documentadas por Cruz Jiménez, son la de la malograda Elba Esther Gordillo, dirigente magisterial; la de Víctor Flores, adalid de los ferrocarrileros; la de Joaquín Gamboa Pascoe, jerarca de la CTM; la de Joel Ayala Almeida, líder de los burócratas; la de Napoleón Gómez Urrutia, que dirige a los mineros a control remoto, desde Canadá; Francisco Hernández Juárez, guía de los telefonistas; Víctor Fuentes del Villar, mandamás del sindicato de electricistas, y Carlos Romero Deschamps, amo de los petroleros y el mejor padre de México.
Los líderes aludidos tienen sus antecedentes en tres íconos del sindicalismo: Luis N. Morones, constituyente de la Confederación Regional Obrera Mexicana, degustador de la buena mesa y de los buenos vinos hasta perder el conocimiento -conocimiento que no era gran cosa porque sólo terminó la primaria-.
Morones acostumbraba usar anillos con piedras preciosas, uno en cada dedo de las manos. Otro líder paradigmático fue el ferrocarrilero Jesús Díaz de León, que acostumbraba presidir las asambleas del sindicato vestido de charro. En su honor se acuñó el concepto líder charro , sinónimo del dirigente sumiso al patrón y traidor a los agremiados. Pero, desde luego, el patriarca del sindicalismo nacional es Fidel Velázquez, cuya subordinación a los presidentes, su complacencia hacia los empresarios y su capacidad para mantener inmóviles a los trabajadores le permitieron ser el líder absoluto de la Confederación de Trabajadores de México durante 70 años.
Del bien fundamentado libro aludido, llama la atención la opulencia de la que hacen alarde sin sutilezas los ordeñadores de la vaca sindical. Joel Ayala, por ejemplo, tiene gusto por los caballos purasangre -posee ocho- y ha acumulado una fortuna cercana a los 15 millones de dólares. Joaquín Gamboa Pascoe, el día que fue proclamado Presidente del Congreso del Trabajo, usó un reloj de producción limitada en oro amarillo valuado en 70,000 dólares.
El uso de relojes caros es una proclividad de la fauna sindical. Víctor Flores usa en la muñeca derecha un reloj de oro valorado en 50,000 dólares. Carlos Romero Deschamps colecciona relojes cuyos precios oscilan entre los 50,000 y los 200,000 dólares.
Otra característica de estos timadores es su debilidad por los bienes raíces, como la casita de Romero Deschamps en Cancún, con un valor cercano al millón y medio de dólares, o la casa de descanso -de descanso para los que la cuidan porque él no puede entrar al país- que Napoleón Gómez Urrutia mandó construir en la punta del Tepozteco con un costo de 4 millones de dólares.
Si un extranjero leyera lo publicado por Cruz Jiménez, lo calificaría de libelo -un escrito en el que se denigra o infama a alguien o algo- porque el nivel de corrupción de los líderes sindicales mexicanos parece de fantasía, semeja una invención de mala voluntad realizada con el objetivo de desacreditarlos a niveles de la deshonra y la ofensa.
Pero para los que sabemos de la inmoralidad y el cinismo a los que han llegado los dirigentes de las organizaciones gremiales nacionales, lejos de sorprendernos, el libro del mexiquense nos ilustra sobre los fraudes y tretas de las que son capaces los mal llamados líderes y nos hace reflexionar sobre la pasividad y abulia de los trabajadores y obreros mexicanos que han permitido a una pandilla de caciques depredadores usufructuar los sindicatos mexicanos hasta constituirse -como bien dice el autor- en una gerontocracia antidemocrática a la que sólo la muerte o la cárcel son capaces de arrancarles su liderazgo .
El avión
Me llegó este e-mail. Están los pasajeros en la sala de abordaje del avión, cuando llega el copiloto de la nave con un bastón tanteando el camino. La empleada de la compañía aclara a los sorprendidos pasajeros que, si bien es ciego, es el mejor copiloto de la empresa.
Un poco después, de uniforme, anteojos oscuros y con bastón blanco, llega el piloto. La sorpresa de los pasajeros aumenta. La empleada les pide no alarmarse: aunque ciego, es el mejor piloto de la compañía y con el copiloto hacen una dupla muy experimentada.
Con los pasajeros a bordo, el avión recorre la pista de despegue a gran velocidad. Los pasajeros se aterrorizan porque el avión a gran velocidad no despega. El final de la pista está cerca. Los pasajeros gritan angustiados: ¡Aaaaahhhhh!
El avión toma altura, el piloto le dice al copiloto: El día que los pasajeros no griten, nos damos en la madre .
Moraleja: así está México: gobernado por ciegos que no ven o no quieren ver la realidad. A la espera de que la sociedad grite para levantar el vuelo.