En plena pandemia, la industria ha sido obligada a reconvertirse: desde los restaurantes que han decidido ofrecer sus servicios de comida para llevar, hasta los chefs que han organizado la preparación de alimentos para el personal médico.

Si algo ha quedado claro de nuestros modos de vida previos al Covid-19, es la importancia de la industria restaurantera en nuestra vida social, no sólo como una actividad que concierne a una gran mayoría de las poblaciones urbanas, sino también como una industria de suma importancia en la generación de empleos y en su aportación a las economías nacionales.

En plena pandemia, la industria ha sido obligada a reconvertirse de muchas maneras: desde los restaurantes que han decidido ofrecer sus servicios de comida para llevar, hasta los chefs que han organizado la preparación de alimentos solidariamente para el personal médico y de salud que labora en hospitales.

Cuando la pandemia inició en algunos países europeos que no lograban que la población estuviera confinada en su mayoría, una de las principales quejas de personas en ciudades como París, Madrid o Roma, era el hecho de no poder salir ni al bar de la esquina a tomarse una copa. El tema no es la imposibilidad de poder tomar una copa de vino en casa, es que el espacio público en ciudades con espacios privados tan reducidos como las antes mencionadas, la dimensión física del espacio toma vital importancia. Los cafés y los bares no son, pues, lugares de esparcimiento solamente, sino que se convierten en lugares tan vitales como tener un lugar donde dormir o un lugar donde trabajar. Por este factor —entre muchos otros— resultan tan imprescindibles en la vida cotidiana.

Una de las grandes preocupaciones a nivel mundial de quienes sostienen negocios de restauración, es que finalmente para cierto tipo de restaurantes, el acudir al restaurant físicamente resulta parte de la experiencia y esto se traslada a la percepción costo-beneficio del comensal. Es por esto que ha sido difícil mantener los menús a domicilio de lugares de alta cocina que apuestan por la experiencia completa.

Otra de las grandes interrogantes alrededor de todo el impacto económico que esto significará para las familias que dependen de la industria es cómo la vida postpandemia será alrededor de los lugares de restauración. Algunos chefs de la industria vaticinan que es muy probable que las medidas de regulación de control de higiene en los lugares públicos cambien y se hagan más estrictas en relación con la capacidad máxima de aforo de restaurantes, la distancia obligatoria mínima permitida entre comensales, la disposición de lavabos a la entrada o el uso obligatorio de cubrebocas. Algunos especulan que estas medidas serán necesarias en el nuevo orden después de la pandemia, y aunado a las pérdidas económicas de este periodo, se tendrán que adaptar a los nuevos costos de mantener estas medidas.

Las adaptaciones del estilo de vida pospandemia marcarán la pauta de la forma en la que nos relacionemos con los establecimientos de restauración. Aunque se pone todo en un solo saco como “la industria de la restauración” la realidad es que en países como México, la complejidad de la oferta que va desde un puesto de la calle a un restaurante reconocido internacionalmente, obligará sin duda a hacer adaptaciones, caso por caso, a quienes sobrevivan. La industria de la restauración no sólo provee comida, sino que mantiene detrás a la industria turística, da escenarios para el cierre de negocios, provee de espacios de sociabilidad dentro de las cada vez más caóticas ciudades y preserva las manifestaciones culinarias de la época.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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