A10 años de la crisis financiera global se registran todo tipo de debates sobre las causas y consecuencias de la crisis. Uno de ellos es, entre Stiglitz y Summer, sobre si el paquete de medidas anticíclicas adoptado en Estados Unidos no fue demasiado pequeño. Entre otras cosas, porque se pensaba que sería solamente un evento temporal, de una magnitud relativamente menor. De ahí surge la idea del entonces secretario Carstens de que sería solamente un catarrito. De hecho, si se toman en cuenta los recortes presupuestales de finales del 2009, México prácticamente no tuvo una estrategia que redujera el impacto de la crisis en el ciclo económico. Esto es, como el fenómeno sería pasajero, no era necesario incrementar el gasto para compensar el choque externo.

Dos ideas me parecen centrales de las lecciones de la crisis. Una es que el sistema financiero que tenemos, y que no ha cambiado mayormente desde hace una década, en lugar de generar valor a la economía es un factor de inestabilidad. La otra es que la crisis financiera es el elemento que fundamentalmente explica la crisis de las democracias liberales en Europa y EU. La desregulación financiera tuvo efectos devastadores en la economía real, con enormes pérdidas para millones de personas en Europa, que simplemente utilizaron las facilidades que ofrecían los bancos. Las intervenciones estatales, una vez estallada la bomba, fueron o tardías, o parciales, o de efectos devastadores para los servicios públicos de la población. Eso ocasionó que los votos de los partidos de ultraderecha se multiplicaran y pusieran en riesgo la existencia misma de la democracia.

La crisis fue un evento evidente, que los reguladores no pudieron ni advertir, ni evitar, por la captura de los mismos, pero, sobre todo, por ideas falsas de cómo funciona el sistema financiero y la imposibilidad de que se autorregule. No existía claridad con respecto a la idea de que la riqueza no se genera en el sistema financiero. Eso ya había sucedido con la especulación del mercado de los tulipanes en el siglo XVIII de los bonos que financiaron la construcción de trenes en el XIX y de la Bolsa en la segunda década del XX. La posibilidad de una nueva crisis está presente. En EU, Trump promueve la desregulación y la baja de tasas tributarias, que otros países imitan, y que limitarán aún más la posibilidad de las naciones de actuar.

Mientras, The Economist advierte que es preocupante la cantidad de cambios que requiere el sistema financiero global. Gordon Brown, el ex primer ministro británico que encabezó en Europa la respuesta a la crisis del 2008, señala que el contexto de guerra comercial que vivimos es el peor escenario para una posible nueva crisis, porque simplemente no habría coordinación para enfrentarla. Por desgracia, parece que aprendimos poco de lo que ha pasado desde hace una década.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.