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La Campana de Dolores

No es la primera vez en los 13 años que llevo usufructuando este espacio en El Economista que escribo sobre el asunto que usted lee —si no la está leyendo es porque decidí no publicarlo o, tal vez, diría Perogrullo, lo publiqué y usted no quiso leerlo—, para hacerlo me he informado a través de la lectura de verdaderos estudiosos —a los que daré crédito— del tema.
Según Emmanuel Carballo, la tradición del Grito de Independencia la instauró Ignacio López Rayón en Huichapan —hoy estado de Hidalgo— el 16 de septiembre de 1812. José María Morelos en los Sentimientos de la Nación estipuló que “se solemnice el 16 de septiembre de todos los años como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra Santa Libertad”. En 1825 fue la primera ocasión en que el 16 de septiembre tomo forma de fiesta nacional. El presidente Guadalupe Victoria recibió felicitaciones de diplomáticos.
La versión popular de que Porfirio Díaz decretó adelantar el Grito un día para que coincidiera con su onomástico, al parecer, carece de veracidad ya que en 1846 se comenzó a celebrar a la medianoche del 15 de septiembre.
Inclusive el presidente Benito Juárez, dio un emotivo Grito la noche del 15 de septiembre de 1863 en San Juan de la Noria, Durango.
Un dato para confirmar nuestro surrealismo es el hecho de que Maximiliano diera el Grito en Dolores en 1864. ¿Lo daría en español o en francés? ¿Gritaría vivan los héroes que nos dieron patria o, diría viva el hijo del héroe —refiriéndose a Juan Nepomuceno Almonte hijo de Morelos— que me dio patria?
Según sé, la campana no siempre formó parte de la parafernalia para la conmemoración del Grito. En un principio la ceremonia se hacía a puerta cerrada —debe haber sido más aburrida que la transmisión radiofónica de una partida de ajedrez— a la que asistían unos cuantos notables.
Leí en La Historia de la Campana de Dolores de Alfonso Alcocer, que en 1886, Guillermo Valleto, encargado de las festividades conmemorativas de la Independencia por parte del Ayuntamiento de México, le propuso a don Porfirio Díaz realizar la ceremonia en el balcón del Palacio para que la población participara del acontecimiento desde el Zócalo. La idea no le pareció mal al dictador; henchido de felicidad, colmado de gratitud, genuflexo de agradecimiento por tomar en cuenta su idea, el lisonjero Valleto propuso al Mandatario el complemento de su idea: que, durante su arenga, el General Díaz pulsara la campana de Dolores, la auténtica. Don Porfis dijo: va y Valleto, sintiéndose ya Regente de la Ciudad o, tal vez, ¿por qué no? Ministro de Innovación de Ceremonias Anquilosadas, se dio a la tarea de buscar la campana. Los dolorenses le causaron un gran desánimo cuando le informaron que el aparato ya no existía porque ya había sido fundido. Al saberlo, el señor Valleto bajó de la nube de la ilusión y se despidió de su quimérico ministerio pero persistió en su labor de lamesuelas para no dejar de vivir del presupuesto.
Años más tarde —según sabemos por Ángeles González Gamio— el historiador Pedro González descubrió que la célebre campana existía. Luego de una labor de persuasión ante el Ayuntamiento de Dolores, la campana fue traída a la ciudad de México el 14 de septiembre de 1896 e instalada en el Palacio Nacional donde desde entonces se encuentra. Cada noche del 15 de septiembre es tañida por el presidente de la República.
No fue fácil convencer a los dolorenses de traer la campana a la ciudad de México. Al parecer los habitantes de la población guanajuatenses querían guardarla con la intención de fundirla para con su bronce, 100 años después, hacerle un monumento a José Alfredo Jiménez.
Punto final
No sé por qué te molesta, fastidia, incomoda, disgusta, irrita, enoja, enfada, agobia, enfurece y mortifica que haya comprado un diccionario de sinónimos.

