Después de que el presidente López Obrador insistiera el fin de semana en dar lecciones a sus pares del G20 sobre la conducción de la políticia económica bajo el escenario de crisis provocado por la pandemia del Covid-19, mensaje en el que se ufanó sobre la estrategia de su gobierno basada en la austeridad, ayer la agencia calificadora Fitch Ratings difundió un reporte sobre el efecto que la relajación en las políticas fiscal y monetaria emprendida por diversos países para hacer frente al choque económico provocado por la pandemia tuvo sobre el desempeño de sus propias economías. Las conclusiones son muy claras: la evidencia apunta a que dichas políticas contribuyeron en gran medida a generar un colchón que sirvió para amortiguar el impacto. No hay duda de eso. 

De acuerdo con Fitch Ratings, en el caso de Estados Unidos, la política fiscal consistente en un paquete de estímulos sin precedentes acordado por el gobierno de Donald Trump con el Congreso de ese país, equivalente a 10% del tamaño de la economía estadounidense, se tradujo en un impulso al PIB de cerca de 9 por ciento. Gracias a las medidas previstas en el paquete anunciado en abril de este año, miles de empresas, si no es que millones, estuvieron en condiciones de mantener abiertas millones de plazas laborales, además de que permitieron que la economía entrara en etapa de recuperación.  

El impacto sobre la economía de este tipo de medidas fue menor, según el reporte de Fitch, en los casos de Japón, Australia o Corea del Sur, pero en todos los casos, permitieron aminonar el choque.   

Mientras tanto en nuestro país, el presidente de México sigue sumergido en una ilusión óptica que le hace pensar que las medidas que adoptó su gobierno (que representan máximo 1% del PIB, el menor paquete del G20) han permitido que la economía también se recupere, pero siguiendo una receta distinta. Sin embargo, gran parte de la recuperación de México ha estado explicada por el sector externo, principalmente por la recuperación de las compras de Estados Unidos a México, es decir, por la recuperación de las importaciones de Estados Unidos provenientes de nuestro país. Asimismo, millones de hogares en nuestro país, sobre todo en situación de pobreza, pudieron hacer frente a la crisis reflejada en la pérdida de millones de empleos, gracias a las remesas de los migrantes mexicanos en EUA que crecieron de manera imprevista, sobre todo tomando en cuenta el comportamiento de esta variable observado durante la crisis del 2008-2009. En esta ocasión, los cheques que hizo llegar el gobierno de Estados Unidos a millones de hogares en EUA, ayudaron a que las remesas a México en lugar de caer, pudieran incrementarse.  

Entonces, en ambos casos, importaciones de EUA provenientes de México y remesas, el comportamiento se explica en gran medida por el paquete de estímulos instrumentado en aquel país. De los cuatro grandes componentes del PIB, consumo de las familias (consumo privado), consumo de las empresas (inversión), consumo del gobierno (gasto público) y consumo del exterior (balanza comercial), es en realidad el cuarto el que ha ayudado a levantar a la economía mexicana. De hecho, el gobernador del Banco de México, Alejandro Diaz de León, señaló ayer que el rebote de la economía mexicana en el tercer trimestre se explica en gran medida por el sector externo, y que la recuperación en los siguientes meses estará también en función de un nuevo paquete de estímulos en EUA y el desempeño positivo del PIB de nuestro vecino del norte. 

Por lo pronto, hay estimaciones que apuntan a una desaceleración de la recuperación de EUA en el último trimestre de 2020 y el primero de 2021. Habrá que estar atentos al impacto sobre México. El presidente de México debería tener claro que no está para andar ofreciendo lecciones al mundo sobre una política económica que en realidad no ha tenido la efectividad que presume tener.