Lectura 3:00 min
Jeremías
¿Será que permanecemos inmóviles en el atraso durante tres cuartos de siglo? En esta compleja sociedad nuestra, ¿estamos tan mal como se lamentan los jeremías?, ¿fallidos todos los gobiernos?, ¿fallido el país?, ¿acaso hay algo menos peor?
Los compañeros del Colegio México (Mérida 50 y 33) tenemos décadas de reunirnos dos o tres veces al año. Primero en restoranes, veintitantos concurrentes, se llegaba tarde y se acababa tardísimo, algunos en el burdel, vivaces, vitales, gritos y sombrerazos, ajos y cebollas, hasta bofetadas hubo en una ocasión. Después, hace tres lustros, en el magnífico sótano de la casa de Paco Peredo, calle de Sinaloa, colonia Roma. Al último convite, quince días ha, asistimos ocho, cuando llegué a las 2 de la tarde ya estaban en sus sillas alrededor de una mesita con la botana: chicharrón seco que nadie probó, es indigesto. Sergio, el cantinero de siempre, antes aturrullado, rellenando copas, estuvo mano sobre mano, aburrido, también se le nota el paso del tiempo. De las cazuelas de doña Vicenta comióse solamente el arroz a la mexicana, ojos llorosos, tristes, nomás milando la de chorizo en salsa roja, la del mole verde, la de los frijoles negros que avientan la panza, etcétera. A las 5 de la tarde ya estábamos esfumados, quién recogido por el taxista, quién por el chofer, quién por la esposa, también milagrosamente sobreviviente. Nuestro promedio de edad es 83 años, tenemos 75 de estar más o menos conscientes de lo que nos rodea.
Mis prehistóricos recuerdos de la polaca nacional son las tachuelas que colocaban los malos del Partido de la Revolución Mexicana (hoy PRI) para tronar las llantas de los coches de los buenos, los almazanistas y el traqueteo de las Thompson en el asalto a casillas, usté sabe, Gonzalo N. Santos y esas cosas. Lo que desde entonces escucho es a los jeremías que claman contra reyes, príncipes y sacerdotes, léase presidentes y funcionarios contlapaches de viaje. Oigámoslos: nuestro país es una ruina, quedan tan sólo las migajitas.
¿Será? ¿Será que permanecemos inmóviles en el atraso durante tres cuartos de siglo? En esta compleja sociedad nuestra, ¿estamos tan mal como se lamentan los jeremías?, ¿fallidos todos los gobiernos?, ¿fallido el país?, ¿acaso hay algo menos peor? Sobre todo, ¿cómo ha variado el sentimiento, el bienestar emocional y material de ricos, medianos y pobres? Es lo que importa.
Cómo me gustaría ya no ver fotos dantescas sino película objetiva, balance imparcial con mirada de águila, no de pajarito en vuelo rastrero. ¡Cómo me gustaría que alguien la realizara! Veríamos con más claridad el camino por recorrer.
