En su magnífico Diario del año de la peste, Daniel Defoe menciona desde el segundo párrafo lo ocurrido con la pandemia que azotó Londres entre 1664-1666: “En aquellos días no teníamos nada que se pareciese a los periódicos impresos para diseminar rumores e informes sobre las cosas y para mejorarlos con la inventiva de los hombres, cosa que he visto hacer desde entonces”.

Rumores de todo tipo y noticias falsas no son nuevos; tampoco la distorsión y las mentiras de los gobiernos. El autor de Robinson Crusoe cuestionaba si las cifras de muertos que se publicaron esos años se ajustaban a la realidad. Criticó las acciones de la Corte y los clérigos para enfrentar la peste y dudaba de las historias que se contaban. Desde entonces ya se sabía que para evitar el contagio convenía el aislamiento, nuestro #QuédateEnCasa. Defoe llamaba a confiar en la ciencia médica y censuró a quienes no se esforzaron patrióticamente aquellos días aciagos.

Hoy existe una herramienta mucho más poderosa: las redes sociales, eficaces propagadoras de engaños, fake news, desinformación y confusión a gran escala. Este tema se abordó en la conferencia de López Obrador con una explicación de Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano. Dijo que “infodemia” es un término utilizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Inexacto: es una afortunada metáfora empleada por Tedros Adhanom, director General de la OMS, en un artículo publicado en El País para referirse a la vertiginosa propagación de desinformación sobre el coronavirus. Así se hacen los chismes.

Villamil atribuyó las ganancias de Facebook, Google y Twitter en el primer trimestre de 2020 a la infodemia. Inexacto: el crecimiento en los ingresos de esas plataformas es una tendencia fácilmente verificable en sus informes financieros. En realidad, esos primeros tres meses de 2020 no fueron los mejores de ninguna de esas empresas. Los grandes anunciantes no sólo no quieren sino que han retirado sus pautas para no aparecer a lado de videos o información distorsionada. No se puede combatir las fake news con fake data.

No es tan clara esa relación tan lineal y contribuye a enturbiar el problema porque sugiere que son las propias redes sociales las que producen la desinformación. Si un video o un audio se comparte vía WhatsApp, obviamente no es la aplicación la que lo generó ni quien lo envió, pero así de mal se explicó ¡en la conferencia presidencial! El propio Tedros señala que “las empresas de redes sociales están en la primera línea de acción frente a esta amenaza a la información, y algunas de ellas, como Google, Facebook, Pinterest, TikTok, Tencent, están prestando su apoyo”.

El reclamo desinformación-negocio de las redes sociales no es exclusivo de México. La Comisaria de Justicia de la Unión Europea, Vera Jourova, criticó a los gigantes de Internet por lucrar con las noticias falsas relacionadas con el coronavirus en lugar de redoblar esfuerzos por eliminarlas. La estrategia más avanzada contra la desinformación es la europea: mejorar las herramientas para detectar la desinformación, mayor cooperación y respuestas conjuntas a las amenazas, mejorar la colaboración con las plataformas y la industria para abordar la desinformación, sensibilizar a la sociedad contra este problema. Nada de eso se aprecia en México.

Durante la conferencia de prensa también se aseguró que hay campañas en redes sociales contra de la Cuarta Transformación. Se mostró una lámina de convocatorias a saqueos en 22 estados de la República. ¿Ya olvidaron los actos de vandalismo, saqueo y violencia social ocurridos tras el gasolinazo de enero de 2017 promovidos desde las redes? ¿También esas campañas pretendieron desbarrancar el peñismo? ¿El gobierno es tan débil que puede caer por ese factor? Están exagerando.

Si al gobierno de AMLO le irrita la desinformación contra sus políticas (porque noticias falsas hay de todo y contra todo), podrá enfrentarlas si deja de hacerse la víctima. La infodemia no atenta contra la 4T sino contra los valores y sistemas democráticos. La desinformación no debe ser vista como críticas al gobierno y al Presidente para orquestar un martirologio, sino como un daño público que afecta a todos. Las fake news no son una conspiración ni buscan derrocar al gobierno, son efectivamente un riesgo a la protección de la salud, la seguridad y el medio ambiente de todos los mexicanos.

La desinformación erosiona la confianza en las instituciones, la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas y a las propias plataformas y medios tradicionales. Las redes sociales no son tan apreciadas como se cree: 65% de los europeos desconfía de ellas. En América Latina apenas 44% de la población confía en los medios de comunicación (Latinobarómetro 2018).

Es preocupante que quien enfila baterías contra las redes sociales y les pide transparencia tiene la oportunidad, pero sobre todo la obligación de producir contenidos de calidad para sensibilizar a la sociedad. No veo en los medios públicos ni el liderazgo ni el sentido de oportunidad que ha dejado la pandemia en términos informativos. Reproducir las conferencias de prensa matutina y sanitaria no es una idea ni original ni genial, también lo hace los medios comerciales.

No existen realmente en los medios públicos los espacios informativos, de debate y discusión sobre la pandemia. Están dejando pasar la oportunidad de reforzar y construir audiencias con la información más relevante sobre Covid-19 por afianzar su oficialismo. Se observan esfuerzos por cubrirle la espalda al Presidente, sus políticas y colaboradores. Defender al gobierno -incluso de la infodemia- no es tarea de los medios públicos ni de sus directivos.

La independencia editorial, una obligación legal de todos los medios públicos, brilla por su ausencia. No estoy pidiendo que los medios publicos critiquen al gobierno que les da sus magros presupuestos y que serán menores en 2021, pero sigo esperando esas visiones distintas a las oficiales, la pluralidad, la diversidad y el contraste de ideas y opiniones como armas contra la infodemia. Los grandes debates, las mentes más lúcidas, los especialistas más destacados, los opositores más férreos no están siendo convocados por los medios públicos que siguen siendo de gobierno y además ideologizados.

No es cualquiera quien se está doliendo de la infodemia, es quien puede combatirla y coordinarse con los medios públicos: tiene frecuencias, canales de televisión, sistemas de radio, agencia de noticias, sitios de Internet y utiliza compulsivamente esas mismas redes sociales que tanto critica. Si te miras como un medio de Estado y no de gobierno 4T podrás avanzar contra la infodemia. Es mucho lo que se les puede recriminar a las plataformas, pero es más lo que están dejando de hacer los medios públicos por encontrar la vacuna.

*El autor es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

Jorge Bravo

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM

En comunicación

Estudio los medios de comunicación, nuevas tecnologías, telecomunicaciones, comunicación política y periodismo. Autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente