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Hallar y perder a Rossi
Una de las ventajas de encontrar un libro fascinante antes de hallar al escritor es que todo parece ser rotundo. Como de primera intención. Como si fuera un aviso divino o una demostración de que la magia existe o de que el texto que trae dentro se parece más al amor que a la literatura.
Nos atrapa sin aviso, a primera vista, es ciego e irresponsable como Cupido y la pasión es tal que no hay más remedio que padecerla y encantarse.
Por eso, he de confesar que antes de Alejandro Rossi estuvo el Manual del distraído. Y el asombro, la admiración y el gozo acompañaron lecturas y relecturas.
El libro, como todo lo bueno es inclasificable: tiene pequeños ensayos, narraciones breves, textos de circunstancias e incidentes, de pensamientos, reflexiones y observaciones, fragmentos, si se quiere, cuya unidad reside en el humor, el genio y, antes que nada, en el tono literario.
Un gozo, después del libro, encontrar al escritor. Y, después, leer sus otros libros Significado y lenguaje, por ejemplo, un libro serio, filosófico de lectura dura y buena calificación, como premio al terminarlo, en la clase de Filosofía del Lenguaje.
Después de enterarse de los premios y distinciones: investigador emérito de la UNAM, Premio Xavier Villaurrutia, integrante del Colegio Nacional, del Colegio de México... todo muy importante, significativo... pero que no importaba ya ante la última, triste y definitiva sorpresa...
La muerte que se lo llevó el viernes pasado a los 77 años, dejando a un sinfín de huérfanos hambrientos de haberlo conocido más o dolidos porque lo conocieron tanto.
De madre venezolana y padre italiano, Rossi dejó Italia en la II Guerra Mundial. Pasó por Venezuela, Argentina y luego se instaló en México. Amigo de Juan José Arreola y Octavio Paz, tuvo como compañera a la Filosofía antes de dedicarse a las letras y entró definitivamente en la literatura hasta pasados los 40 años, de la mano de las revistas Plural y Vuelta.
En Plural conoció al narrador José de la Colina, quien era Secretario de Redacción de la revista. Éste recuerda: Un día Octavio Paz nos dio un artículo que se llamaba Manual del distraído y le comenté a Rossi que ese podría ser el título de una sección para la revista Plural. Me hizo caso y tuvo la sección, que luego se convirtió en uno de sus libros más conocidos .