Lectura 3:00 min
Externalizar a migrantes es racismo
Externalizar es una estrategia: es el acto con el que se alivian los costos de producción una empresa.
Boris Johnson decide externalizar el control de la migración a Ruanda. Es decir, seres humanos tratados como muebles que no son aceptados en Reino Unido serán trasladados a 6,500 km de distancia para depositarlos en una bodega/hotel. Por supuesto, mediante el pago de 120 millones de libras.
También lo ha hecho Israel. En 2018 Benjamín Netanyahu deportó a 37,000 migrantes africanos por ser “infiltrados”. Atención con el código lingüístico utilizado por el entonces primer ministro. Sólo faltó decir que eran antisemitas. Miles de eritreos y sudaneses llegaron a Israel como refugiados, pero Netanyahu también dijo que sólo querían buscar trabajo. ¿Es delito buscar trabajo? De buenas a primeras Netanyahu les entregó papeles, 3,500 dólares y los despachó a Uganda y a Ruanda.
Australia es el país-paraíso que, al hablar de migración, se mueve a través de zonas obscuras. En el año 2013 firmó un acuerdo con Papúa Nueva Guinea y la isla de Nauru para enviarles a seres humanos no deseados. La prensa australiana ha descrito un escenario de palizas y de abusos sexuales que orillan a los migrantes hacia la depresión y a pensamientos suicidas.
En el sistema de control migratorio de Camberra los inmigrantes pasan en promedio 689 días detenidos, frente a los 55 días en Estados Unidos y 14 en Canadá.
Estados Unidos fue, quizá, el pionero en externalizar a humanos. Desde la década de los 90 decidió despachar a haitianos y cubanos a Guantánamo, Cuba. A George W. Bush le brillaron sus ojos cuando decidió llevar a musulmanes a la isla.
La Unión Europea, con excepción de Alemania, no pudo llegar a un acuerdo entre sus miembros para otorgarles refugio a 160,000 sirios que escapaban de la guerra civil. A cambio de 6,000 millones de euros otorgados a su socio y autócrata Recep Tayyip Erdogan, Turquía se comprometió a recibirlos. Por cierto, a finales de este año tocará la renovación del acuerdo.
El lunes por la tarde nos enteramos de la ubicación de un tráiler abandonado con más de 50 migrantes sin vida.
Donald Trump y Marcelo Ebrard decidieron externalizar a México el aseguramiento de migrantes no deseados por Estados Unidos. El programa Protocolos de Protección al Migrante resulta ser uno de los mejores eufemismos por su distanciamiento a la realidad. Mejor conocido como Quédate en México, el programa pone en riesgo la vida de miles de migrantes que se tienen que enfrentar a los crímenes organizado y desorganizado.
No contento con el programa, Trump decidió aplicar el Título 42 para expulsar a migrantes por motivos sanitarios: Covid-19.
Se fue Trump y llegaron las vacunas, pero los jueces decidieron que los programas se quedaran.
Externalizar es un acto de racismo.
@faustopretelin

