Cuenta con la confianza y apoyo del Presidente, pero no es una figura conocida por el gran público; tal parece que no lleva prisa por subir a la pasarela.

Éste es un fragmento del perfil de Ernesto Cordero, publicado en Los suspirantes 2012, de Jorge Zepeda Patterson.

Si Enrique Peña Nieto es el aspirante hecho para la televisión, Ernesto Cordero Arroyo es el que no ha pasado por la cirugía reconstructiva de los asesores de imagen. No viste trajes italianos ni despliega sonrisa de actor. Sus corbatas no son cool y las camisas con frecuencia le desbordan el pantalón. Es como un libro en edición rústica, lleno de números y gráficos. Es buen conversador, pero le cuesta trabajo la comunicación masiva. Lo suyo es la argumentación en corto. Es el primer secretario de Hacienda que milita en el PAN. Ha sido parte fundamental de muchas campañas, aunque no ha ganado nunca un puesto de elección popular. Cuenta con la confianza y apoyo del Presidente, pero no es una figura conocida por el gran público. Cuatro de cada cinco mexicanos no le reconocen y parece que no lleva prisa por subir a la pasarela. Su destape ha sido todo, menos apresurado: más silencioso que estridente, más una confesión en privado que un grito en público. Una danza de los siete velos.

Ernesto Cordero es la materia gris del calderonismo y una ecuación de varias incógnitas. Ayudó a Felipe Calderón Hinojosa a afinar la estrategia que lo llevaría a Los Pinos, pero no termina por definir la suya. Su apuesta es consolidar la recuperación económica y aprovecharla para impulsar su candidatura, pero no ha encontrado la forma de contar esa historia y conectarse con el mexicano de a pie. Ha escrito los guiones y operado con habilidad en la tramoya, pero no ha terminado de apoderarse del escenario. ¿Será capaz de asumir con éxito el papel protagónico?

Si no es el candidato del Presidente, entonces el Mandatario oculta muy bien su juego. Cordero ha sido el orador de eventos importantes, el rostro de programas de alto impacto social y el operador de temas delicados. Se ha convertido en un Vicepresidente, de facto, a cargo de la agenda económica y mucho más. El Presidente está convencido de que Ernesto Cordero es el hombre más competente y leal que tiene en su equipo. Se nota , afirma Rubén Aguilar Valenzuela, exvocero del Presidente Fox.

Cordero vive a su modo la comezón del quinto año. Se asoma al escenario y regresa al backstage. Bajo los reflectores ejerce su papel de precandidato con reticencia. En cada sí hay algo que tiene un quizá: Todos deseamos también ser astronautas o centro delantero de la Selección , le contestó a Katia D’Artigues cuando le lanzó la pregunta: ¿Quieres ser Presidente? . Sus formas desconciertan, aunque no es deliberado. Nos pasa en muchos eventos: si el discurso está muy enfocado en temas de Hacienda, hay quienes se decepcionan porque esperan un pronunciamiento político , reconoce uno sus colaboradores cercanos. El delfín que no quiere nadar, lo llamó René Delgado, director editorial del periódico Reforma. En ese querer sin querer nos remite a otra época.

Respeta aquella máxima de Fidel Velázquez de que el que se mueve no sale en la foto . Sabe, de cualquier modo, que es posible moverse y tener un lugar en el cuadro. Hace las cosas a su modo: no se ha destapado al estilo Fox o Peña Nieto. Tampoco ha seguido un camino parecido al de Calderón. No necesita rebelarse. Es un hombre que tiene la máxima confianza de un Mandatario que desconfía hasta de su sombra.

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