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La pintura en tiempos de la IA: Miguel Casco presenta nueva serie en Nueva York
Con la serie "Afantasía en la era del simulacro, del nacimiento de Venus a la imagen pixelada" el artista mexicano lleva a la Gran Manzana una reflexión pictórica sobre erotismo, censura e inteligencia artificial; participa en la 6ª edición de Future Fair, en la semana del arte neoyorquina, del 13 al 16 de mayo.

El artista Miguel Casco.
El pintor Miguel Casco presenta en Nueva York una nueva serie pictórica que dialoga con la historia del arte, la censura digital y la inteligencia artificial. A partir del arquetipo de la Venus, Casco propone una pintura que desacelera la imagen contemporánea y cuestiona la autoría en un mundo dominado por algoritmos.
El artista mexicano está participando con cuatro lienzos —Still Morte V: el nacimiento de Venus (Rubens), Still Morte VI: el nacimiento de Venus (F. Boucher), Estudio para Still Morte 8 y Estudio para Still Morte 9— en la 6ª edición de Future Fair que comenzó este miércoles 13 de mayo y se extenderá hasta el próximo sábado 16 en el Chelsea Industrial de Nueva York, bajo la curaduría de Steve Galindo.
En un momento marcado por la sobreproducción de imágenes digitales, el retorno a la pintura adquiere para Miguel Casco un sentido casi contracultural. Desde su estudio en el Centro Histórico de la Ciudad de México —Atelier Mesones— el artista muestra a El Economista el conjunto de las obras que ha estado trabajando en los últimos meses y que surgen del diálogo entre la historia del arte, la inteligencia artificial y los regímenes visuales contemporáneos que han atravesado su producción artística.

Still Morte V Nacimiento de Venus. Rubens
Casco explica que el título de la serie —"Afantasía en la era del simulacro, del nacimiento de Venus a la imagen pixelada"— parte de esta condición que consiste en la incapacidad de imaginar imágenes mentales y que en el diálogo con sus alumnos provocó una reflexión más amplia. “Vivimos en un mundo sobrecargado de imágenes y estímulos visuales, y eso parece agotar la capacidad de imaginar”, detalla.
Añade que el concepto de afantasía se cruza, en su planteamiento, con la idea de simulacro desarrollada por el filósofo francés Guy Debord, acerca de que "vivimos a través del avatar y somos una representación de la representación. En ese contexto, la pintura reaparece como un espacio crítico frente al dominio de lo digital y lo efímero.
Venus frente a la censura y el algoritmo
El eje iconográfico de la serie es el arquetipo de la Venus, imagen que ha encarnado durante siglos el deseo, el erotismo y el cuerpo femenino en la tradición occidental. "Tomo como referencia el arquetipo de la Venus, representado a lo largo de la historia de las imágenes de autores como Botticelli, Rubens, Tiziano, Artemisa, François Boucher, no por algo en específico, sino más bien porque son piezas que llaman mi atención, funcionan como puntos de partida atmosféricos más que como citas formales", dice.
La paradoja que interesa a Casco es que estas imágenes, plenamente asimiladas por la historia del arte, hoy son censuradas por los algoritmos. “Si buscas en internet la Venus de Botticelli o de Tiziano, el buscador te advierte que está activada la búsqueda segura y que esos resultados no se pueden mostrar. Esa fricción entre arte clásico y censura digital detonó el proceso creativo", sostiene el artista.

Still Morte VI Nacimiento de Venus. F. Boucher
Y enseguida explica el proceso creativo de la serie. El artista trabaja directamente con inteligencia artificial, pero en un proceso deliberadamente conflictivo. Introduce imágenes históricas que el sistema rechaza, las edita, censura y manipula hasta que el algoritmo las acepta. A partir de ahí comienza lo que Casco llama la “iteración”: una producción masiva de imágenes digitales entre las que selecciona unas cuantas para llevarlas a la pintura.
“Es un diálogo con la máquina. El mismo prompt se agota y empieza a replicar, entonces hay que encontrar la grieta para moverte”, explica. De cientos de imágenes generadas, sólo unas pocas sobreviven al proceso de selección y traducción pictórica.
Una vez elegida la imagen base, comienza el trabajo propiamente pictórico. Lejos de reproducir la imagen digital, Casco realiza una traducción material que subraya la diferencia entre luz y pigmento. “Los colores luz son distintos a los colores pigmento. Hay un ejercicio de traducción: las luces tienen que ser opacas, densas, con materia, y las sombras transparentes y profundas”.
Ese paso es clave para comprender su apuesta. Aunque el origen es digital, el resultado busca ralentizar la mirada y devolverle espesor a la imagen. “La pintura propone una pausa frente a esta producción desmedida de imágenes. Envolver al espectador desde la materia”, afirma.

Casco trabajando en su estudio
Autoría compartida y pintura como testimonio
La discusión sobre la autoría atraviesa toda su obra reciente. Casco no se asume como autor absoluto, sino como un “hacedor de imágenes” dentro de procesos compartidos con personas, máquinas y sistemas visuales. “Me gusta poner en tela de juicio quién es el autor de las obras”, dice. “Al final, más que historia del arte, hablamos de una historia de las imágenes”.
Este planteamiento continúa líneas de trabajo anteriores, como "Send Nudes" o "PornPix", donde la autoría se construía junto a los participantes o a partir de imágenes que ya circulaban en internet. En ese sentido, "Afantasía" no es un giro radical, sino una mutación coherente.
Para Casco, la pintura sigue siendo un medio vigente precisamente porque puede funcionar como testimonio de su tiempo. “Vivimos en un mundo oculocéntrico. La pintura vuelve para decir algo frente al exceso de imágenes digitales”, apunta.

Casco en su estudio.
Nueva York como termómetro
La participación de Miguel Casco en Future Fair, marca su primera presentación en Nueva York, aunque ya ha expuesto en otras ciudades de Estados Unidos, como San Antonio, Indianapolis, Tucson u Omaha.
La feria se celebra del 13 al 16 de mayo y reúne a más 68 galerías de nueve países en estos días en que transcurre la semana del arte en la capital neoyorquina y que la convierte en el epicentro artístico del hemisferio.
Más allá del mercado, Casco ve la ciudad como un punto de contraste y medición. “Nueva York sigue siendo un termómetro”, afirma. “Me siento tranquilo con la trayectoria que tengo y con el proyecto que llevo. No voy inseguro; voy con la solidez del trabajo”, concluye.

