Las empresas buscan por todos los medios mejorar su competitividad, a medida que tienen que rivalizar con más numerosos y fuertes participantes. Un factor muy importante de la competitividad de una red de valor es la ubicación geográfica de sus empresas.

En los tiempos en que los productores tenían mayor dominio de los mercados, se enfatizaban los recursos naturales para situar la producción.

Ahora, con mayor poder de los compradores, se ha dado también importancia a una mejor ubicación respecto de los consumidores.

En el país encontramos diversas situaciones de localización de la producción ganadera. Un caso ilustrativo lo observamos en la producción porcina.

En Sonora hay muy poco consumo de carne de cerdo; allí se paga el precio del cerdo en pie más bajo del país. Sin embargo, su situación zoosanitaria, muy superior a la del centro del país, y otras ventajas le permitieron formar grupos y empresas muy competitivas, con presencia en los más importantes mercados nacionales y de exportación. En Yucatán, en donde por el contrario se tiene el mayor consumo por habitante y los precios más altos, surgieron empresas y organizaciones de productores para atender ese mercado, junto con la producción campesina tradicional.

En esos y otros casos, es importante la proximidad geográfica de las distintas empresas de la cadena agroalimentaria. Además de lograr ventajas de especialización y reducción de costos, las interacciones que posibilitan estas concentraciones, llamadas en ciertos casos clústeres o circuitos industriales, permiten también mejoras intangibles comunales. Su capacidad de innovación se acelera, comparten datos, conocimientos y experiencias y forman a su personal con más eficacia que en regiones donde no ocurre tal sinergia empresarial. Su desempeño mejora notoriamente con ese balance adecuado entre competencia y colaboración de las redes de valor participantes.

Esa ventaja competitiva nos permite comprender, por ejemplo, por qué tenemos nuestra mayor cuenca lechera en una región con evidentes adversidades climatológicas, lejana a los mercados más grandes del país.

Un aspecto menos favorable de esta situación se manifestó dramáticamente el año pasado en México. La mitad de la producción nacional de huevo quedó dentro del cerco sanitario que se aplicó para contener el brote de influenza aviar H7N3, trastornando el abasto de ese importante alimento.

La concentración de cadenas agroalimentarias aumenta su competitividad si se previenen sus riesgos o inconveniencias. Es necesario que su ubicación corresponda al mejor uso de los recursos y que, en lo posible, haya más de una región concentradora de cada cadena productiva.?

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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