Los mexicanos, como la mayoría de los ciudadanos del mundo, tenemos muchas preocupaciones, penas y problemas; de más está decir que esto es una perogrullada. No en vano dice la religión católica que vivimos en un valle de lágrimas, aunque tratemos de negarlo todos los días y afirmamos que estamos aquí para ser felices. Lo peor de todo es que la desolación está aquí y las lágrimas también. Y así ha sido antes, ahora y será siempre, y conste, antes de que abandonen esta lectura afirmo que no estoy deprimida. La enfermedad, la vejez y la muerte forman parte de estas desgracias que todos enfrentamos o enfrentaremos en algún momento de nuestra existencia.

No es por acentuar el tono pesimista de mis reflexiones, pero, por si fuera poco, hay veces que los infortunios se acumulan, como en estos casi dos años en los que el Covid (y otras coyunturas nefastas) han afectado profundamente a toda la humanidad.

Un estudio publicado recientemente por la prestigiada revista The Lancet viene a confirmar la gravedad de este momento, especialmente para México. La dura conclusión de esta investigación, llevada a cabo con datos del IMSS y con la participación de destacados investigadores mexicanos, del Colegio y del Banco de México, es que los pobres en nuestro país tienen cinco veces más riesgo de morir por el coronavirus que los que tienen más recursos. 

Cito textualmente: “las personas en el decil de ingresos más bajo tienen una probabilidad de morir de Covid-19 cinco veces mayor que las del decil superior, incluso después de ajustar por comorbilidades”.

También los estudiosos encontraron que entre las personas contagiadas los que ganaban menos tenían también cuatro veces mas probabilidades de ser hospitalizados, esto es, estas personas sufren la enfermedad de forma más grave que las personas con más dinero, por sus condiciones de vida, entorno, alimentación, etc. ¡Que fuerte!

Pero lo que entristece más, es que a pesar de la proclama de la actual administración de que “primero los pobres” aquí en nuestra nación existen cuatro millones más de pobres que cuando comenzó este sexenio. Y este dato se explica solo, no necesita de ningún comentario.

Si a esto añadimos que se desapareció de un día para otro el Seguro Popular; que ya no existe el fondo de apoyo a familias con enfermedades catastróficas; que los recortes al Sector Salud se han dado una y otra vez con el pretexto del combate a la corrupción y la austeridad y que hasta el propio presidente López Obrador reconoció que en tres años no se ha logrado la compra y distribución de medicamentos indispensables para la vida de miles y miles de niños y adultos enfermos…creo que podrán comprender mi estado de desesperanza.

En medio de esta difícil situación sanitaria que enfrentamos en México, a muchos nos resulta evidente que para resolver estos problemas de fondo se tiene principalmente que generar riqueza y empleos y que no es momento de despertar la suspicacia de los gobiernos de USA y Canadá (nuestros principales socios comerciales),p que ven con preocupación el empecinamiento del gobierno mexicano por llevar adelante, entre otras cosas, la multicitada reforma eléctrica que representa un retroceso para nuestro país.

La inseguridad en nuestro territorio, el aumento de la violencia, el incremento en violaciones y en feminicidios entre otras atrocidades que se viven día a día en México, el problema migratorio…al primer mandatario mexicano tampoco parecen importarle seriamente. Más allá de la mega militarización del país, ni hay estrategia ni voluntad política para atenderlos ni para al menos mitigarlos. 

En estas condiciones no me queda más que desear a toda la comitiva mexicana ya en Washington que de verdad tengan un buen viaje. 

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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