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Opinión

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¡El tercer barril sin fondo!

Bruno Donatello

No creo que el monopolio “Litiomex” vaya a nacer. Al parecer, los yacimientos locales carecen de la calidad suficiente para su explotación...

Los dos fracasos legislativos acaecidos en seguidilla, debieron ser dolorosos. Y el ardor por esas decepciones requería de una compensación sanatoria, de una revancha. La revancha advino en la forma de la proclama para la nacionalización del litio, metal que se utiliza como insumo en la fabricación de las baterías con las que funcionan los automóviles eléctricos.

La proclama se integró de dos partes. La primera, relativa al anuncio de que los yacimientos de litio depositados por la fortuna en el subsuelo de México pertenecen a la Nación, era totalmente innecesaria. O mas bien, redundante. Desde la promulgación de la Constitución en 1917, el artículo 27 reza textualmente que “corresponde a la nación el dominio directo de todos los minerales o substancias en vetas, mantos, masas o yacimientos que constituyan depósitos…”. Y la segunda parte, correspondió a la amenaza de constituir un monopolio público para la explotación del litio mexicano. ¡A temblar!

Nadie debe llamarse a sorpresa. El modelo institucional para la conformación de monopolios gubernamentales en la forma de empresas de Estado, ya quedó tipificado en los casos emblemáticos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Como es bien sabido, son modelos institucionales que permiten la existencia en su seno de una burocracia saqueadora e impune, prácticamente nulos incentivos para la eficiencia y la productividad y sendos sindicatos productófagos y presupuestívoros. El resultado de esos arreglos institucionales, prácticamente inmodificables, es que México como país tiene en Pemex y en la CFE verdaderos barriles sin fondo, generadores de pérdidas operativas inmensas.

Una de las razones, aunque no la única ciertamente, de las pérdidas operativas inmensas que padece Pemex es el robo de combustibles, llamado coloquialmente “huachicol”. Sin embargo, a pesar de la plaga que causa ese mal, la verdad es que en el transcurso del sexenio no se ha sabido del desmembramiento y captura de una sola banda del “huachicol”. Ya me imagino el mercado negro de litio que brotaría de maneras espontánea, de llegar a crearse el monopolio anunciado.

Con todo, no creó que el monopolio (“Litiomex”) vaya a nacer finalmente. Al parecer, los yacimientos locales del metal no tienen la calidad suficiente para su explotación productiva. De manera adicional, lo más probable es que el cambio tecnológico avance de manera muy rápida en la producción de las mencionadas baterías y que el litio quede desplazado de ese uso.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Columnista

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