El nacionalismo puede perjudicar seriamente la salud de una sociedad.

¿Qué es lo que provoca que un conjunto de políticos tome decisiones irracionales, es decir, que sabiendo el daño que van a provocar para la democracia y la economía en el futuro, las asumen en supuesta defensa de la soberanía?

La economía de Polonia se ha duplicado desde que ingresó a la Unión Europea en 2004; es el principal receptor de los fondos estructurales y de cohesión que le han ayudado a mejorar sus carreteras, bosques y condiciones urbanas. Cerca de un 60% de la inversión pública polaca se cubre con los mencionados fondos.

Lo que daríamos muchos países latinoamericanos en recibir 150,000 millones de euros en 13 años, como Polonia, para mejorar las condiciones de vida de millones de habitantes.

Entre 2009 y 2020 el PIB per cápita polaco se ha acercado 16 puntos a la media europea, es decir, ha pasado del 60% al 76%, en paridad de poder de compra.

En los últimos 30 años Polonia ha crecido en promedio anual más del 4% sin un solo año en negativo (sin tomar en cuenta el 2020, año de la pandemia). Precisamente, para paliar el impacto económico del covid-19, Polonia sería el cuarto receptor de fondos provenientes del programa Next Generation, estimados en 36,000 millones de euros, entre subsidios y préstamos opcionales.

Tal parece que para el Gobierno del primer ministro polaco Mateusz Morawiecki no le es suficiente trasladar a su país a una zona de elevado riesgo económico, tampoco se atreve a poner sus barbas a remojar después del laberíntico Brexit cuyas lecciones políticas equivalen a un doctorado dirigido a populistas que, arropándose en el manto de la soberanía, son capaces de poner en riesgo el bienestar de su población.

Los hilos que mueven al primer ministro los controla Jaroslaw Kaczynski, del partido conservador Ley y Justicia (PiS). Desde 2015, el partido ha tratado de socavar el poder Judicial en su intento de cooptar el máximo poder a su alcance, sin importar las consecuencias que este ataque represente para la Unión Europea.

La UE ha tratado de usar argumentos políticos para condicionar la entrega de los 36,000 millones de euros a Polonia según lo acordado en el plan Next Generation. Polonia y Hungría recurren al Tribunal de la Unión Europea, en Luxemburgo, para despejar el camino de condicionantes.

Bajo este entorno, la sentencia del Tribunal Constitucional polaco representa una bomba atómica para el basamento de la Unión Europea: la ley fundamental polaca prevalece sobre la justicia europea.

Se trata del intento de un suicidio.

El 55% de los polacos confía más en la UE que en el Gobierno del primer ministro Morawiecki; el 28% opina lo contrario, lo señala la última medición del Eurobarómetro.

Los populistas, al agitar la soberanía, creen encontrar el caudal de votos que necesitan. “Hay elecciones en dos años y el PiS ve que se está debilitando en el ejecutivo y el legislativo. Por eso quieren el tercer poder, el judicial”, comenta Aleksander Smolar, analista de la fundación Stefen Batory al periódico El País.

Kaczynski trabaja en dos rieles distintos, pero terminan por unirse. Los dos rieles son: debilitar el poder Judicial y provocar a la Unión Europea.

Las democracias iliberales buscan diluir los tres poderes (político, legislativo y judicial) en uno solo. La democracia termina por convertirse en una pesadilla.

En Estados Unidos los dos partidos entran en franca competencia para nominar a jueces de la Suprema Corte; en El Salvador, Bukele, después de haber propinado un golpe al poder Judicial, se refiere a sí mismo como “dictador más cool del mundo mundial”; en España, está colapsado el proceso de nombramiento de jueces por el nulo entendimiento entre el PP y el PSOE; en México, AMLO intentó prolongar el periodo de funciones al presidente de la Corte.

Polonia, busca el suicidio a través del polexit. La apología a la soberanía también destruye países.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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