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El futuro de la IA sin empleos todavía está muy lejos
El multimillonario tecnológico Elon Musk profetizó recientemente que “llegará un punto en el que no se necesitará trabajo”, debido a los avances en inteligencia artificial. Pero el temor de que la IA cause un desempleo masivo tiene sus raíces en una mentalidad de suma cero que fundamentalmente no comprende cómo evolucionan las economías.
WASHINGTON, DC – En una discusión reciente con el primer ministro británico, Rishi Sunak, el multimillonario tecnológico Elon Musk hizo una profecía: “Habrá un momento en que no hará falta ningún empleo”, debido a los avances en inteligencia artificial. “Se puede tener un empleo si uno quiere un empleo”, siguió diciendo el CEO de Tesla y SpaceX, “pero la inteligencia artificial podrá hacer todo”.
El futuro es largo, y Musk no especificó cuándo exactamente llegará ese momento. Pero, al menos en las próximas décadas, las posibilidades de que la IA cause un apocalipsis laboral son muy escasas.
El miedo al desempleo tecnológico no es nada nuevo. En el siglo XIX, un grupo de trabajadores textiles ingleses conocidos como luditas destrozaron maquinaria que sustituía mano de obra para impedir su uso. Sin embargo, aunque la tecnología ha dado un salto hacia adelante en los dos siglos que transcurrieron desde entonces, las empresas siguen empleando trabajadores.
Gran parte del temor de que los avances tecnológicos eliminen la necesidad de trabajadores humanos está arraigado en una mentalidad de suma cero que, esencialmente, no entiende de qué manera evolucionan las economías. Es cierto, las nuevas tecnologías podrán llevar a cabo algunas tareas relativamente mejor y a un costo menor que los seres humanos. Es cierto, esto llevará a que las empresas usen tecnología, y no trabajadores, para esas tareas. Pero el proceso de destrucción creativa crea además de destruir.
La nueva tecnología hará que muchos trabajadores sean más productivos y que, por ende, tengan un mayor valor para las empresas, que competirán por ellos de manera más agresiva en el mercado laboral, haciendo subir sus salarios y sus ingresos. Los mayores ingresos harán que aumente la demanda general de bienes y servicios en la economía, lo que a su vez hará subir la necesidad de trabajadores. Este proceso dinámico le permite a una economía evitar un desempleo estructural más alto. Asimismo, la nueva tecnología crea nuevos bienes y servicios, lo que también hace crecer la demanda de trabajadores.
Esto no es mera teoría. Consideremos los notables progresos en tecnología de la información y las comunicaciones y en robótica en las últimas cinco décadas. Estos avances han tenido efectos profundos en el mercado laboral -por ejemplo, al reducir sustancialmente la proporción de empleo en las ocupaciones manufactureras y administrativas- y en la economía en general. Pero a los trabajadores hoy no les cuesta más encontrar empleo. No se ha observado una tendencia alcista en la tasa de desempleo.
De cara a las próximas décadas, mi mayor temor no es que haya demasiados trabajadores, sino que haya demasiado pocos. La caída de las tasas de fertilidad y el envejecimiento rápido de la población reducirán la tasa de crecimiento de la fuerza laboral en Estados Unidos y en gran parte del mundo desarrollado. Estos países podrían depender de mayores ingresos de inmigrantes para compensar esa escasez, pero los vientos políticos actualmente están soplando en la dirección contraria.
En Estados Unidos, la Oficina de Presupuesto del Congreso pronostica un crecimiento demográfico anual de 0.3% en las próximas tres décadas, o aproximadamente un tercio del ritmo que se experimentó entre 1983 y 2022. En este contexto, los trabajadores que quieran empleos deberían poder encontrarlos.
Por supuesto, los avances en IA serán efectivamente disruptivos, pero no porque eliminen -o reduzcan sustancialmente- la necesidad de trabajadores. Por el contrario, la IA cambiará lo que muchos trabajadores hacen. Una vez más, esto no es nuevo. Si bien el desempleo tecnológico tal vez no se haya materializado en las últimas décadas, la estructura y naturaleza del empleo se transformaron completamente. El economista del MIT David Autor junto con otros autores determinaron que la mayor parte del empleo actual radica en especialidades laborales introducidas después de 1940.
Cuanto más miramos hacia adelante, más difícil resulta descartar la posibilidad de que la predicción de Musk se pueda volver una realidad. Pero un mundo en el que la IA llegue a reemplazar a todos los trabajadores humanos sería muy diferente del nuestro. Mientras que uno de los problemas económicos fundamentales de hoy en día es cómo sacar el mayor provecho de los recursos escasos, el futuro de Musk es un futuro de abundancia, en el que la tecnología satisface todas nuestras necesidades y la desigualdad, tal como la entendemos hoy en día, ya no existe. ¿Por qué acumular riqueza en un mundo de abundancia? Por otro lado, un mundo de esas características también podría exacerbar la desigualdad, particularmente si un número relativamente pequeño de personas son dueñas de las máquinas que generan todo el ingreso.
¿Cómo interactuarían los seres humanos con este mundo? Yo me siento muy realizado y complacido con mis actividades profesionales, pero la razón principal por la que me levanto y voy a trabajar todos los días es para sustentar a mi familia. Sin la necesidad de tener que poner comida en la mesa y dinero en las cuentas de retiro, ¿nos levantaríamos todos los días con el objetivo de mejorarnos a nosotros mismos y a nuestras comunidades? ¿O caeríamos en los rincones más oscuros de nuestra naturaleza, donde el tiempo ocioso nos conduzca al aburrimiento y a la distopía?
No existen respuestas fáciles para estas interrogantes. Afortunadamente, es más probable que no tengamos que responderlas. El cambio tecnológico no ha eliminado la necesidad de trabajadores humanos en el pasado y, probablemente, no lo haga en el futuro -al menos no en un periodo que sea relevante para los trabajadores y los responsables de las políticas de hoy.
*El autor es director de Estudios de Política Económica en el American Enterprise Institute, es el autor, más recientemente, de The American Dream Is Not Dead: (But Populism Could Kill It).