Cuando vivimos una situación estresante durante muchos meses y no encontramos una salida clara a nuestros problemas, la mayoría de las personas comenzamos a sufrir una serie de síntomas emocionales que muestran las serias afectaciones que da la tensión sostenida. Esto es bien sabido por los psiquiatras y psicólogos y se presenta en lo individual o en lo colectivo dependiendo del tipo de situación difícil que estemos enfrentando, solos o acompañados. 

Esto se ha estudiado en guerras, quiebras económicas, desastres naturales, y en otros momentos extremos que se han dado desde siempre en este mundo. Pero, como diría Murphy, todo siempre puede ser peor. Y claro, en esas estamos. Este bicho malvado, al que aún no derrotamos y que ha cambiado al mundo resulta que también genera problemas emocionales y neuropsicológicos. Ahí les va.

Muchos no nos hemos detenido a pensar que la pérdida del gusto y del olfato que muchos contagiados del COVID presentan son resultado de alteraciones en nuestro sistema nervioso central, son síntomas neurológicos para decirlo claro. Oler y saborear son sensaciones y percepciones que dependen de nuestros sentidos y se integran en nuestro cerebro. El espantoso virus no solo afecta nuestros pulmones (que ya es muy grave),  altera también otros órganos de nuestro organismo, entre ellos el control maestro de nuestro cuerpo: el cerebro.

La cosa no para ahí. A lo largo de estos meses distintos centros de investigación (la Universidad de Berna o la Universidad de Noruega, por mencionar algunas) han ido documentando (y lo hemos visto nosotros mismos en familiares o amigos que afortunadamente han sobrevivido a la pandemia) que muchos al mejorar no han podido recuperar su energía, o que presentan problemas para concentrarse o de memoria y que generalmente tienen mucho cansancio, desmotivación y agotamiento físico y mental. Son entre otras, las secuelas persistentes del coronavirus. 

Lo más preocupante que se ha descubierto es que esta estas alteraciones se pueden presentar igualmente en personas que han sido sintomáticos o asintomáticos ante el coronavirus.

Muchos de los jóvenes o niños que (en el mejor de los casos) apenas se sintieron con una gripita y nunca supieron que era COVID, después de un tiempo reportaban sentirse muy cansados, aunque durmieran bien, con dolores en las articulaciones, otros con dificultad para encontrar las palabras adecuadas o se sentían de plano muy desconcentrados.

Estas investigaciones también se han llevado a cabo en Inglaterra, Israel y varias partes del mundo; al respecto, se reportan síntomas similares después de salir de la enfermedad. Los psiquiatras y psicólogos de todo el mundo han encontrado, además, un aumento significativo en los trastornos del sueño, la depresión, ansiedad o plenamente caracterizado del estrés postraumático.

Hoy que nos enfrentamos a la disyuntiva de que los niños y jóvenes regresen a la escuela, creo importante tomar en cuenta estos estudios. Estos problemas afectan a cualquier persona, a cualquier edad y aún no sabemos (por el poco tiempo que llevamos enfrentando la pandemia) si permanecen o dejan secuelas para el resto de la vida. Antes de tomar una decisión ponderemos todos los factores que están en juego: condiciones de la escuela, protocolos de cuidado para la comunidad escolar, salud de nuestros niños, etc.

Desde luego todos, contagiados o no, estamos agotados, con una fatiga enorme frente a una realidad que cambió completamente nuestra forma de vida. A pesar de esto, no nos dejemos llevar por la falta de responsabilidad de muchas autoridades, en México y en el mundo, que a conveniencia minimizan las graves consecuencias de este mal. 

Las decisiones que tomemos en este momento, para nosotros y nuestras familias, modificarán seguramente lo que nos resta de vida. Estamos muy cansados, del encierro, de las mentiras, de la difícil situación económica, de la muerte de muchos seres queridos, de la falta de guía y de la frivolidad. Pero…tenemos que sacar a esa heroína o héroe que todos llevamos dentro, actuar con empatía, respeto al otro y seguir adelante. Mas nos vale.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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