La decisión de la Corte declarando constitucional al Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU), se basa en que este gravamen no tiene la misma naturaleza del Impuesto Sobre la Renta (ISR).

De ahí que gastos indispensables que en el ISR se tratan como deducciones, sean en el IETU -según la Corte- concesiones graciosas del legislador.

Esta posición convalida que el IETU no admita deducciones como los salarios (en especial, la previsión social) o los intereses por financiamientos.

Esta resolución, aunada al límite contenido en la Ley de Ingresos del 2010 para evitar el acreditamiento entre el ISR y el IETU (dada la brutal caída en su recaudación) son dos elementos novedosos en el estudio que está realizando el Tesoro de Estados Unidos para definir si el IETU que paguen empresas de ese país o subsidiarias mexicanas, propiedad de accionistas americanos, resultará acreditable contra el ISR americano.

Con anterioridad a estos acontecimientos, se veía muy complicado que el Tesoro decidiera incluir al IETU en el tratado fiscal que tenemos con ese país.

Hoy, se antoja imposible. Esto es así, no sólo por los antecedentes resueltos por el gobierno de EU con relación a impuestos de este tipo adoptados por otros países, sino porque el Código de Rentas Internas de EU exige que el impuesto extranjero que se pretenda acreditar en ese país, tenga la misma naturaleza que la del ISR americano, entendiendo como tal, que admita las mismas deducciones para conformar una renta gravable que reconozca una utilidad real.

La posición de la Corte indicando que el IETU no tiene ni remotamente, la naturaleza del ISR, aniquila los argumentos de la SHCP en el sentido de que se trata de un impuesto similar al ISR americano. El acreditamiento de impuestos extranjeros para evitar la doble tributación fue diseñado en EU al término de la Primera Guerra Mundial, como un instrumento para detonar la inversión americana en Europa y permitir su reconstrucción.

Los más de 2,000 tratados en el mundo para evitar la doble tributación siguen sirviendo al propósito de otorgar certeza a la inversión extranjera, al dotar de neutralidad la decisión de inversionistas para invertir fuera de su país, sin enfrentar una carga fiscal adicional a la doméstica.

De no reconocerse al IETU como acreditable, la doble tributación que esto generará, impactará negativamente los flujos de inversión de EU a México.

Cuando la inversión extranjera ha caído a la mitad en el último año, no estamos para darnos el lujo de alejarla aún más con ocurrencias tan ineficientes como el IETU. El respaldo de la Corte al IETU puede representar -irónicamente- la puntilla a este impuesto.

A un año de que el Tesoro y la SHCP concluyan sus respectivos estudios sobre la viabilidad del IETU, estamos muy a tiempo de evitar que, nuevamente desde fuera (como sucedió con el IEPS a la fructuosa), nos vengan a decir que nuestros impuestos -por muy constitucionales que sean- rompen con los principios de tributación internacional que acordamos respetar en tratados.

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