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Difamación y desprestigio, la estrategia vs el poder judicial

Arturo Zaldívar Lelo de Larrea se sometió a los caprichos del presidente Andrés Manuel López Obrador y se echó encima la losa de la deshonra.
Durante su paso por la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF), Zaldívar Lelo de Larrea habría presionado decisiones de jueces y magistrados, con un solo fin: complacer al hombre de Palacio Nacional.
En Facebook, X y TikTok han circulado profusamente los audios que el magistrado Alberto Roldán presentó para denunciar a Arturo Zaldívar y probar que, entre enero de 2019 y diciembre de 2022, fue presionado por Carlos Alpízar y Constancio Carrasco.
Esto para otorgar un amparo a Frida Martínez Zamora, acusada de fraude por más de dos mil 500 millones de pesos cuando fue secretaria General de la extinta Policía Federal Preventiva (PFP).
Carlos Alpízar y Constancio Carrasco fueron cercanos colaboradores de Arturo Zaldívar en el Poder Judicial de la Federación (PJF), uno como secretario general de la Presidencia del CJF y el otro como Titular de la Unidad de Consolidación del Sistema penal Acusatorio.
A la luz de las denuncias, fueron seducidos por el poder y tiraron a la basura años de trabajo y prestigio. Las acusaciones son muy graves, tanto, que Hernán Gómez Bruera se quedó corto en su libro Traición en Palacio: El negocio de la justicia en la 4T, cuando reveló una red de negocios judiciales orquestados por Julio Scherer, Arturo Zaldívar y Carlos Alpízar.
El 8 de agosto de 2018, al recibir la constancia de mayoría que lo acreditó como presidente electo en el edificio sede el Tribunal Electoral, López Obrador juró que “no tendrá palomas mensajeras ni halcones amenazantes; ninguna autoridad encargada de impartir justicia será objeto de presiones ni de peticiones ilegítimas cuando esté trabajando en el análisis, elaboración o ejecución de sus dictámenes y habrá absoluto respeto por sus veredictos”.
Una vez más, la realidad se impuso a las mentiras y a las falsas promesas.
En lo oscurito, los jueces y magistrados eran presionados para cambiar el sentido de sus sentencias al gusto del presidente de la República. En público, López Obrador criticaba a los ministros y jueces, asegurando que “el Poder Judicial está secuestrado y al servicio de la mafia del poder económico y del poder político”.
La estrategia era clara: acechar al PJF. Difamándolo y desprestigiándolo en público y, a escondidas, usando a palomas mensajeras y halcones amenazantes para socavar su independencia y autonomía.
¿Por qué era tan importante amparar a Frida Martínez? ¿Por qué le interesaba al Gobierno de la #4T proteger a una persona acusada de fraude, señalada por malversar dinero público? ¿Presionar, amenazar o castigar a los jueces no es corrupción?
¿Realmente Arturo Zaldívar es el hombre honesto que merece encabezar la transformación del Poder Judicial? ¿Frida Martínez sigue prófuga o a quién le entregó los dos mil 500 mdp que robó?
Este escándalo revela el verdadero rostro de la 4T. No les interesa acabar con la corrupción, sino recibir los moches; no les interesa proteger la democracia, sino reventar los contrapesos; no les interesa mejorar la justicia, sino poner nuevos jueces y ministros que sean cómplices de sus caprichos y cochupos; no les interesa el bienestar de la gente, sino perpetuarse en el poder.
Si para mantener la Presidencia necesitan pactar con el diablo, la parca, Enrique Peña Nieto o el narcotráfico… ¿Van a hacerlo?

