La multiplicación de microfinancieras y el acceso ?cada vez mayor a casas comerciales lleva a la población vulnerable a peligrosos niveles de endeudamiento.

No está mal echar una mirada al drama que se vive ?en España. En la fiesta que se vivió antes de la crisis, ?la deuda de las familias alcanzó niveles altísimos.

Varios estudios muestran que los pobres, entre sus múltiples estrategias para sobrevivir y alimentar a sus familias, recurren al crédito. Pero no un préstamo ni dos ni tres. Se ha detectado que muchas familias pobres a lo largo de un año llegan a tener 10 o más préstamos.

Se dan todas las combinaciones: préstamos seriados uno tras otro (como los del tendero, pues nunca se termina el préstamo más que cuando ya no se paga y el tendero lo cancela); varios préstamos al mismo tiempo; préstamos con intereses y sin intereses. Sin intereses, con un familiar o amigo, a través de la tradicional tanda, con grupos de ahorro o con el tendero.

Con intereses razonables (tasa menor a 3%), con alguna cooperativa o con la empresa en que se trabaja. Con intereses más allá de lo razonable (tasas de 60 hasta 150%), con algún prestamista tradicional, con alguna microfinanciera, con alguna casa comercial (Coppel, Famsa, Elektra) o con una casa de empeño.

Estos dos últimos prestamistas se llevan el premio con tasas todavía más elevadas y expoliadoras.

La multiplicación de microfinancieras y el acceso cada vez mayor a casas comerciales está llevando a la población vulnerable a peligrosos niveles de sobreendeudamiento.

El acceso a dinero en efectivo (como los subsidios de Oportunidades y tercera edad) da la impresión a los beneficiarios de que tienen más dinero para gastar y que, por tanto, pueden tomar nuevos préstamos, pero olvidan que precisamente por sus condiciones de pobreza están más sujetos a eventualidades (enfermedades, accidentes y la muerte) y que adquirir el compromiso del crédito puede resultar fatal.

La agresividad que están mostrando las microfinancieras y las casas comerciales por conquistar a los pobres tiene dimensiones que no se perciben en las ciudades. Por ejemplo, en Ahuacatlán, Puebla, una población de 14,000 habitantes, 13 microfinancieras tienen presencia, o en Tlaxiaco, Oaxaca, con 16,635 habitantes, hay 35 proveedores de crédito.

No está mal echar una mirada al drama que se vive en España. En la fiesta que se vivió antes de la crisis, las deudas de las familias alcanzaron niveles elevadísimos, igual que en las familias estadounidenses.

La cruda realidad se ha hecho presente y los bancos españoles no están dispuestos a perder. Del 2007 a la fecha ha habido más de 400,000 ejecuciones hipotecarias.

Es decir, ese número de familias perdieron sus casas y muchas han sido materialmente desalojadas. (El País, 18/11/2012) En México, la deuda de los pobres no está en bienes inmobiliarios; sin embargo, ya hay casos en que se ven obligados a vender sus bienes como casa y terrenos) para saldar sus deudas.

La responsabilidad de que en México los pobres no arriesguen los pocos bienes que han ido acumulando a lo largo de los años es triple.

El Estado deberá estar atento ante la avalancha de crédito indiscriminado y tomar medidas drásticas si se agudiza este fenómeno. Las instituciones financieras no pueden apostar a dar crédito sin más, aunque esto implique una disminución de sus ganancias.

Finalmente, los propios usuarios, los más desprotegidos y carentes de medios de información y defensa, deberán ser cautelosos ante ofertas que con frecuencia los condenan a un callejón sin salida.

*Experto en microfinanzas. Dirige Cosechando [email protected]