El candidato de la coalición Juntos Haremos Historia sigue muy arriba en las encuestas. En la más reciente, publicada por El Financiero, lleva una ventaja de 20 puntos sobre su más cercano adversario. Estamos a siete semanas de la jornada electoral y, de no suceder nada verdaderamente trascendente, el dueño de Morena será el presidente de la República.

Se dice que en un régimen democrático los pueblos tienen los gobiernos que merecen. Sobran indicios de lo que nos espera. El promotor de la “República amorosa” agravia constantemente a quienes aspira a gobernar; se ha malquistado con los empresarios llamándolos “minoría rapaz”.

Aun cuando un sector importante de la población lo respalda, otro, en el que confluyen personalidades muy poderosas, está en su contra. ¿Llegarán a ser el fiel de la balanza?

La gran alianza de facto que tanto esperamos podría cambiar el rumbo de la carrera presidencial; sin embargo, Ricardo Anaya ahora sostiene que no le interesa impulsar un acuerdo cupular y que aspira a que el voto útil le dé la victoria. La realidad es que hace mucho dejó de ser el plan B y ahora no se ve de dónde pueda obtener las simpatías que lo acerquen al puntero.

El candidato de México al Frente no ha seguido el ejemplo de Felipe Calderón, que en el 2006 resultó victorioso gracias a los eficaces, aunque no envidiables, amarres que realizó, por ejemplo, con la maestra Elba Esther Gordillo.

Todos los errores de Anaya, al servirse de su cargo como presidente nacional del PAN, desde donde avasalló a su militancia en el afán de ser candidato, hoy le están pasando la factura.

Ahora reconoce que Margarita Zavala podría ser una aliada importante; sin embargo, en su momento se negó a dialogar y pactar con ella. Si bien la hoy candidata independiente se mostraba inflexible en su aspiración, una curul en el Senado y otras posiciones para los calderonistas pudieron haber evitado la fractura. Por ello la política siempre debe privilegiar el consenso y la razón. Sumar, no dividir. Tal vez hoy lo entienda el panista.

Aun cuando López Obrador está muy arriba en las preferencias electorales, a medida en que siga agraviando a los ciudadanos que alzan la voz ante sus oprobiosas ocurrencias, seguirá sumando importantes detractores. Parte sensible del voto útil puede estar precisamente en manos de los grandes empresarios, la pregunta ahora es: ¿hacia dónde habrán de dirigirlo?

Es lamentable que un candidato se enfrente al sector productivo del país, aquel que genera empleos y nos posiciona como una nación pujante. Por ellos somos la segunda economía más importante de América. ¡Cómo se atreve a ofenderlos!

Se ha comparado con Benito Juárez, quien entre sus máximas premisas en todo momento sostuvo la importancia del respeto, concepto que evidentemente no conoce. López Obrador muy poco ha hecho por el país en contraste con los empresarios, quienes con sus impuestos vigorizan la economía que sostiene el financiamiento público que se asigna a su partido político.

No me queda duda que necesitamos un gobierno cuya prioridad sean los pobres y que impulse mayor equidad, pero no es a costa de enfrentar a las clases sociales, ya que esto resulta altamente volátil. Esperemos a ver si en algún momento AMLO deja de alentar enconos entre los mexicanos.

El próximo domingo es el segundo debate presidencial. ¡Ojalá aporte contenido relevante que haga más competitiva esta elección que ya se torna agónica y aburrida!

@Ernesto_Millan

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento