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Opinión

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Cambio climático, habrá que buscar la adaptación

Aunque al parecer el largo plazo es territorio inexplorable en México no podemos dejar de advertir el desafío que nos plantea el cambio climático para el resto del siglo.

Ocurra lo que ocurra en Cancún (que no será mucho), las consecuencias del calentamiento global están para quedarse y sólo se atemperarán en virulencia si se logra construir en breve un régimen internacional eficaz de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Se anticipan trastornos profundos en el clima del planeta, tendremos que lidiar con la intensificación en general en los ciclos hidrológicos, con la ocurrencia más frecuente de episodios meteorológicos extraordinarios (inundaciones, huracanes, sequías), con una mayor variabilidad estacional y geográfica en la disponibilidad de agua y con disparidades más notables en los patrones de lluvia que harán que ésta se acentúe en los trópicos y se torne más escasa en latitudes medias y mediterráneas.

Es previsible también con la elevación del nivel del mar, la intrusión de aguas salinas y la inhabilitación consecuente de acuíferos subterráneos, junto con la afectación y desplazamiento de poblaciones costeras. Se proyecta al mismo tiempo un redespliegue de nuevos y viejos vectores de enfermedades infecciosas, una mayor erosión hídrica, más evapotranspiración y deshidratación de suelos.

Ecosistemas enteros serán diezmados ante la incapacidad de adaptarse en un lapso tan breve a los aumentos en la temperatura. Recordemos que, dependiendo de lo que hagamos como comunidad global, la temperatura promedio del planeta podrá aumentar hacia finales del siglo entre tres y hasta nueve grados centígrados. Las perturbaciones sociales y políticas que esto entraña son indecibles por ahora al igual que los costos económicos, pero son obvias las necesidades de una visión, estrategia y políticas eficaces de adaptación al cambio climático.

La adaptación conlleva en primerísimo lugar la identificación detallada de vulnerabilidades y costos potenciales. A partir de ahí, implica un plan a largo plazo de desarrollo a gran escala de infraestructuras de regulación fluvial, protección costera, drenaje, desalación de agua de mar, trasvase entre cuencas, grandes obras marítimas de tratamiento y reuso de aguas residuales.

Será también indispensable un mecanismo transparente de construcción y operación de sistemas hidroeléctricos que optimice los objetivos de generación de energía y de regulación de escurrimientos y avenidas, bajo responsabilidad compartida de la Comisión Federal de Electricidad y la Comisión Nacional del Agua. Significará todo ello una era inesperada de auge para la ingeniería civil mexicana y para la industria de la construcción.

Por otro lado, se requerirán nuevos enfoques de gobernanza territorial y de regulación en los usos del suelo para desarrollo urbano y vivienda de manera coordinada entre la Federación y los gobiernos locales, con el fin de minimizar los riesgos de afectación a los asentamientos humanos.

Habrá que revisar y revertir las modificaciones más recientes (a principios de los años ochentas) al Artículo 115 Constitucional.

Es claro, igualmente, que la Comisión Nacional Forestal (Conafor) deberá emprender una política a mediano y a largo plazo de deforestación cero y de conservación y restauración de suelos y ecosistemas forestales en cuencas hidrológicas prioritarias, lo que abonará a su vez a una eficaz política de mitigación, a través de la reducción de emisiones por deforestación y degradación.

En situaciones de escasez crónica de agua para uso agrícola, resultará insoslayable valorar las oportunidades del comercio internacional y del agua virtual incorporada en las importaciones de productos agropecuarios. Esto es, habrá que importar más alimentos.

Como se observa, las necesidades de adaptación al cambio climático representan desafíos de muy diferente naturaleza técnica, institucional y económica, también representa un reto para las políticas de mitigación (de reducción de emisiones) que tienen que ver básicamente con la producción y uso de la energía.

Si bien, es indispensable un proceso eficaz de coordinación y planeación desde la más alta esfera de la administración pública, el diseño específico de políticas y su ejecución deben ser responsabilidad de organismos y entidades especializados con facultades plenas y capacidades adecuadas. No se vale echar a ambas (mitigación y adaptación) al mismo saco, como lo hemos hecho hasta ahora.

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