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Opinión

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¿Banda ancha en la relación bilateral?

Duncan Wood observa algunos nubarrones sobre México en materia diplomática.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Washington. Después de haber convivido siete años con Duncan Wood en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, lo vuelvo a ver 10 años después, pero ahora en su oficina del Instituto México del Wilson Center en Washington, que él dirige.

Entre un ornamento esteticista mexicano me comenta con sorpresa la postura del gobierno de Andrés Manuel López Obrador sobre Venezuela.

Congresistas republicanos, en especial Marco Rubio, han hecho explícita la molestia de que, a diferencia de 50 países, López Obrador no reconozca a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. “Es un problema que no muestre su oposición a un régimen antidemocrático”, comenta Duncan.

Marco Rubio tiene entrada directa al Despacho Oval. Para el pragmatismo obsesivo de Trump, Rubio representa una moneda de cambio con la que podría asegurar su victoria electoral en el estado de Florida en el eventual escenario en el que decida buscar su reelección.

Duncan observa tres nubarrones en la relación bilateral entre Estados Unidos y México:

1. El sector energético de México se ha convertido en un mercado muy importante para Estados Unidos en cuanto a productos refinados y gas natural.

2. La austeridad republicana ha generado recortes de personal en la Embajada mexicana de Washington. Bajo códigos lingüísticos transmodernos, Duncan menciona que se ha perdido “ancho de banda” en la cooperación bilateral. No es optativa la inversión en la relación bilateral.

3. Sobre la crisis venezolana: “Me preguntan: ¿Qué onda? ¿Por qué México no quiere cambio en Venezuela? Les tienes que explicar la visión de AMLO. Pero me dicen: es Maduro”.

Le pregunto a Duncan sobre el espeso silencio de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana respecto a decisiones que está tomando el gobierno de Trump. Dos de ellas: su intención de declarar emergencia nacional para obtener fondos que le sirvan para construir el muro fronterizo y la aceptación de deportados centroamericanos por parte del gobierno estadounidense.

¿Qué tendría que hacer Marcelo Ebrard?

“Debería mandar un mensaje: fronteras abiertas o el libre flujo de las personas a través de las fronteras es muy positivo paras ambos países dados el libre cambio de productos, ideas y personas. Hay maneras de hacer seguras las fronteras sin construir muros. México está dispuesto a ayudar a EU para mejorar la seguridad”.

Algo más, a Duncan le sorprende que el Estado mexicano no tenga presencia en la frontera. Cualquier persona que la cruce caminando lo puede hacer libremente sin la revisión de agentes migratorios. La queja popularmente extendida apunta a que las armas llegan a México desde Estados Unidos pero pocos cuestionan la facilidad de su trasiego.

La visión etnocéntrica del presidente López Obrador puede complicar el estado de ánimo de la relación bilateral. Estados Unidos está por ingresar a dos cruceros peligrosos: el desenlace de Nicolás Maduro y las campañas presidenciales donde Trump mostrará su más obsceno pragmatismo. ¿Cómo reaccionará AMLO?

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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