El aislamiento internacional y la desconfianza en su entorno llevaron a Nicolás Maduro a apostar por Alex Saab como su contacto personal con el mundo de las finanzas públicas y privadas.

Pero la vida siempre tiende hacia el equilibrio. En este caso, Marshall Billingslea, subsecretario de financiamiento del terrorismo del Departamento del Tesoro durante el gobierno de Donald Trump, se marcó como objetivo casi personal seguir las huellas que Alex Saab iba dejando por el mundo para llevarlo detrás de las rejas.

La obsesión de Billingslea con el caso Saab llegó a tal punto que les hizo llegar a Caracas al empresario y a su socio Álvaro Pulido dos gorras con el logo del Departamento del Tesoro en cuyas viseras escribió: “I see you soon” (Nos vemos pronto). Así lo narra el periodista Gerardo Reyes en su libro Alex Saab, la verdad sobre el empresario que se hizo multimillonario a la sombra de Nicolás Maduro (editorial Planeta).

Nicolás Maduro se ha cansado de mostrar la insignificancia que para él representa la oposición política en su país. Lo hizo nuevamente el pasado fin de semana al anunciar la suspensión del diálogo que se lleva a cabo en la Ciudad de México por un motivo insignificante frente a la crisis de que vive Venezuela desde hace algunos años: la extradición de su amigo Alex Saab.

La llegada de Alex Saab a una prisión de Florida es una derrota de Maduro no solo por la acumulación de información personal que lleva consigo la memoria del empresario colombiano sino por el significado que Saab representa para Estados Unidos: una prueba que posiblemente demostrará la mutación de un Estado a un país gobernado por una mafia.

Alex Naín Saab Morán conoció a Maduro la segunda semana de octubre de 2010 cuando este era ministro de Exteriores de Hugo Chávez. Fue la senadora colombiana Piedad Córdoba quien lo introduce a la cancillería venezolana.

Córdoba tenía dos semanas de haber sido destituida por la Procuraduría colombiana por sostener vínculos con las Farc. Un automóvil blindado del gobierno de Venezuela fue por la ya exsenadora al aeropuerto de Maiquetía, en Caracas.

Nicolás Maduro recibió a Piedad Córdoba a la 1:30 de la mañana. Saab se quedó en la antesala. Quienes estuvieron presentes en la antesala escucharon peticiones de Piedad Córdoba a Maduro: seguridad personal porque, según ella, el expresidente Álvaro Uribe quería matarla. Ella pidió automóviles blindados para ella y su hija.

Al finalizar la reunión le dijo a Maduro que le quería presentar a su “amigo palestino”: Alex Saab.

“A esta mujer hay que protegerla porque va a ser la próxima presidenta de Colombia”, le dijo Maduro a Saab, según narra Gerardo Reyes en su libro.

Antes de salir del encuentro con Maduro, Saab le pidió a Andrés Vásquez, asistente de Piedad Córdoba, que le tomara una foto con su BlackBerry junto a Maduro.

El sueño de Alex Saab era vivir en Miami y abrir una oficina en Nueva York. Inició bien, viajó en 1996 junto con su entonces esposa Cynthia Certain a Florida, sin embargo, dos años después, Estados Unidos no le renovó la visa de trabajo por lavado de dinero.

Solo viéndolo como su álter ego, se comprende la total confianza que desbordó Maduro sobre Alex Saab, un personaje millonario que lo mismo cenaba en un lujoso restaurante en París junto a su segunda esposa Camilla Fabri, una modelo italiana, que en un famoso restaurante italiano en Ankara.

Los ingresos de Saab se dispararon desde el día en que Maduro le ayudó a descongelar 30 millones de dólares luego de que Hugo Chávez decidiera congelar la importación de productos colombianos a través del control de divisas llamado Cadivi.

Alex Saab nunca pensó que su persona fuera blanco permanente del subsecretario del Tesoro Marshall Billingslea.

Continuará.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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