Para algunos, usar cubrebocas es un símbolo de sumisión; para otros, un medio para protegerse. Además, me siento más cómodo respetando las reglas que entubado en un hospital, supongo que morirse no tiene nada de rebelde.

El uso del cubrebocas se ha tornado una asunto de seguridad nacional. la estrategia central del combate a la pandemia se encuentra en el ojo del huracán. ¡Hágame usted el favor! Mi abuelita, que no era científica, diría nomás póngaselo, si no le ayuda, tampoco le estorba.

El dato del uso del cubrebocas sería anecdótico, si no fuera porque sintetiza la forma del gobierno de don Andrés Manuel López Obrador que se alimenta de la controversia más supina.

Un gobierno que toma decisiones en lo oscurito y las consensa en las conferencias mañaneras con un grupo de bizarros periodistas lambiscones como el gato con botas.

No voy a hacer referencia a los miles de estudios en favor o en contra del uso del cubrebocas, simplemente mi sentido común me dice que si no deja salir virus tampoco lo deja entrar. Si no defiende, no ofende.

No entiendo por qué el enamorado Hugo López-Gatell y López Obrador se niegan a usar cubrebocas, tampoco entiendo por qué hay peleas en los supermercados y centros comerciales, debido a que hordas de salvajes se niegan a usarlo. Los modernos anarquistas no usan cubrebocas, ni se lavan los dientes. Hasta dónde ha llegado la libertad.

Para algunos, usar cubrebocas es un símbolo de sumisión; para otros, un medio para protegerse. Además, me siento más cómodo respetando las reglas que, entubado en un hospital, supongo que morirse no tiene nada de rebelde.

Don Andrés Manuel López Obrador señala un cubrebocas que bien vale una presidencia, emulando a Enrique IV: París bien vale una misa.

Con un país con más 47,000 muertos oficiales, la economía destruida, pérdida de millones de empleos y menos 18 puntos del Producto Interno Bruto, Andrés Manuel López Obrador con jocosidad señaló: “usaré cubrebocas cuando se acabe la corrupción”. En el país de los otros datos, más allá de los semáforos rojos o naranjas. Debemos decidir qué queremos para nuestras familias, negocios y oficinas, más allá del chismorreo oficialista.

La Cuarta Transformación tiene muy clara su prioridad, formar un ejército electoral para conservar la mayoría en el Congreso y salir avante en las 14 gubernaturas del 2021. Lo demás es lo de menos.

El destino de la estrategia en contra de la pandemia se ha sintetizado en el uso de un cubrebocas, así de básica es la política. Hasta la próxima, querido lector. en tanto, hay que seguir con la sana distancia, que llegó para quedarse.

Eliseo Rosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.