Buen día, te saludo desde los albores de febrero, así de rápido dejamos atrás un agitado mes de enero que -en términos de precios para commodities- representa una baja continua, una secuencia de liquidación y una acumulación en lo fundamental que deja en el abasto la mecánica dominante.

¿Quieres que platiquemos de productos, y sus derivados? Bueno, pues de moda está hablar del petróleo, más en una economía tan ligada a la producción del mismo. Para el caso, el viernes pasado circuló información en la que se hacía evidente que la perforación de pozos en Estados Unidos había caído, y con ello empieza a sentirse un contraciclo en esta industria, lógica respuesta de una producción creciente y una demanda dudosa. De momento, los precios del petróleo detuvieron las caídas, con el cierre de enero se armó un rally que se parece mucho a firmeza técnica producto de la compra a modo de toma de utilidades. Los especuladores que habían hecho evidente tener una posición mayormente vendida encontraron algunos argumentos para cortar su exposición, poner el dinero en la columna de ganancia realizada y esperar a que una lateralización en el precio ayude a definir la dirección siguiente. Ahí estamos con el petróleo: muchos apuestan a que los pisos hayan llegado, muchos más destacan que no haya un forma de expandir el consumo y la oferta sigue multiplicándose; la OPEP ha perdido por completo su capacidad de regulación, muchos de los integrantes están íntimamente atados al ingreso petrolero y la caída del precio les obliga a producir más para ingresar lo que necesitan para los múltiples programas populistas que en muchos casos han dado aval a gobiernos bastante marginales... El tema de fondo es que con demanda limitada por temas geopolíticos y una capacidad dispuesta a multiplicar producción, el petróleo necesita más que un rally de escape para mostrar fuerza, y si eso se llega a dar, las dinámicas de producción actual acaban de añadir una nueva variable en esta ecuación productiva, misma que habla de capacidad económica. El precio de un commodity puede caer hasta que se restrinja la producción, y al restringirse el precio tiende a subir, lo cual hará hasta el punto en que esa capacidad ociosa sea solvente de nuevo y se inyecte producción. Extrapolado lo anterior, resolvemos que el petróleo está de momento condenado a ciertas bandas. Seguimos buscando el lado inferior, y sobre el lado superior es muy temprano para adivinar: hay quien sabe de esto y dice que no iremos más arriba de los 70 dólares por barril. Yo digo que el precio en el lado alto está muy lejos de ser corroborado y tratado, pero lo que sí es un hecho es que los precios superiores a los 100 dólares corresponden a mecánicas de mundo que lógicamente no son las actuales.

No hay cosa más alcista que un precio bajo ni cosa más bajista que un precio alto, esa máxima es una que no se debe desconocer nunca bajo ninguna circunstancia. Los commodities están transitando a este tipo de acomodos. La fuerza del dólar es una tapadera constante a las fugas de commodities tasados en dólares, la incapacidad China de repetir o continuar un programa de expansión en su infraestructura es otra; ese negocio ya se frenó, no se puede construir para siempre y están en el límite de mantener plusvalía en lo que ya se hizo. Hacer más implica que el precio de lo que ya está empiece a caer y ahí la población en general tiene puesto mucho de su ahorro, me imagino que el gobierno no será promotor de la erosión de dicho capital.

Bien, así con el petróleo y dejamos este espacio para platicar de ello como eje principal, el lado de los granos y oleaginosas esta tratado de momento a las bajas. Inventarios suficientes en Estados Unidos y producciones robustas en Sudamérica son fuerzas bajistas o poco alcistas, si lo quieres ver así. Si eres comprador, o vendedor, elige bien tu estrategia. Nada es seguro, sólo lo más amarrado; y para ello, mucho te podemos ayudar, a menos que para la administración de riesgos ya estés en buenas manos.

Ánimo.

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