Argentina es un caso extraordinario de estudio para los economistas. Fue una de las economías más ricas, prosperas y atractivas del mundo a principios del siglo XX, para después convertirse en un ejemplo de lo que no se tiene que hacer.

Más allá de los aspectos estrictamente económicos y financieros, Argentina es un país entrañable, ya que tuve la oportunidad de vivir en la ciudad de Buenos Aires y conocer varios de los maravillosos lugares que se pueden encontrar principalmente en el sur, como el Glaciar Perito Moreno, ubicado en la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia, al sur de la República Argentina, o Ushuaia, la ciudad más septentrional del mundo y capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, por mencionar sólo algunos de los fascinantes sitios de ese país.

Desafortunadamente, el gran potencial turístico, agrícola y ganadero de Argentina ha sucumbido ante una realidad que hoy tiene postrada a esa economía como una de las más atrasadas y vulnerables no sólo de Latinoamérica, sino también del bloque de pauses emergentes, y con una perspectiva sombría ante la alta probabilidad de que sea azotada por una nueva crisis económica.

En el último número de la prestigiada revista The Economist, se dedica un espacio relevante al análisis de la situación de Argentina y al estudio de los elementos que llevaron a este país sudamericano a pasar de ser una de las economías más ricas a una cuyo declive parece no tener fin.

Algunos de los temas que vale la pena destacar es que en 1914, Argentina era vista como el país del futuro, con el crecimiento económico más robusto del mundo, al crecer a una tasa anual promedio de 6% durante los 40 años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, lo que derivó en que su Producto Interno Bruto per cápita fuera más alto que el de Alemania, Francia e Italia.

En los albores de la Primera Guerra Mundial, Argentina se ubicó como una de las 10 economías más ricas del mundo, sólo detrás de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, y el ingreso por persona era 92% del promedio de las 16 economías más ricas de ese entonces. Para todos los fines, los argentinos eran tan ricos como las grandes potencias hace 100 años, por lo que la decisión de quienes querían emigrar no pasaba por el tema económico, sino por otros factores como la situación geográfica, el clima, etcétera.

Particularmente, Argentina se convirtió en un polo de atracción para los europeos que querían emigrar al país sudamericano ante las grandes oportunidades de trabajo que ofrecía el desarrollo de las pampas en materia de ganadería y agricultura, factores que dieron impulso a la expansión del país. Este desarrollo, pero sobre todo la expectativa de que Argentina era vista como una tierra de oportunidades, explica que en 1914 la mitad de la gente que habitaba la capital de Buenos Aires había nacido en el extranjero, y llegó precisamente a Argentina en busca de la tierra prometida.

Difícil encontrar la razón por la cual Argentina registra 100 años de constante debilitamiento. No obstante, la inestabilidad política es uno de los elementos claves para entender el declive económico. Los constantes golpes militares mermaron el avance de las instituciones y la modernización del aparato productivo.

El primer golpe de Estado se presentó el 6 de septiembre de 1930 y después se suscitaron cinco golpes de estado más. Las dictaduras establecieron un férreo terrorismo de Estado, se violó constantemente los derechos humanos y quienes se opusieron al sistema fueron desaparecidos.

Durante los 60 años que estuvieron los militares gobernando el país, hubo 14 dictadores, situación que interrumpió abruptamente el desarrollo del país. Fue hasta 1989 cuando un civil asumió la presidencia nuevamente después de celebrarse elecciones democráticas. Desafortunadamente, el regreso de la democracia no significó mayor estabilidad, crecimiento y generación de riqueza. Hoy el ingreso por persona representa 43% de las mismas 16 economías mencionadas anteriormente.

Un elemento adicional tiene que ver con la educación. En The Economist, se hace una comparación entre Chicago, un estado productor de carne y granos, y Argentina en materia educativa. En 1895, el índice de alfabetización en Chicago era de 95%, mientras que en la ciudad de Buenos Aires menos de 75% sabía leer y escribir.

Esto último tiene graves implicaciones. Lo primero que se puede decir es que hace 100 años Argentina era una economía rica, pero no moderna. Sin una infraestructura educativa sólida, Argentina se convirtió en un importador de tecnología sin capacidad de innovación y cada vez menos competitiva.

La industria ha registrado un desarrollo mínimo, y sigue siendo altamente dependiente de las exportaciones de materias primas con escaso valor agregado.

En este sentido, un crecimiento menos vigoroso de países emergentes como China significa una menor demanda de materias primas y contracción de los precios, elementos que pondrían en evidencia nuevamente la fragilidad de la economía Argentina.

Esta paradoja de la economía argentina, llevó a Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía en 1971, a decir que hay cuatro tipos de países en el mundo: los desarrollados, los emergentes, Japón y Argentina. Estos dos últimos son destacados como casos únicos, aunque a diferencia de Japón, que es una nación altamente industrializada y rica, Argentina sobresale como un país en continuo empobrecimiento.

Esperemos ver pronto un golpe de timón que haga que Argentina retome la senda del crecimiento y el desarrollo.

*Manuel Guzmán M. es director de Administración de Portafolios y Estrategia de Inversión de Intercam Grupo Financiero,? [email protected]