Es apropiado que un hombre con tantas contradicciones como Warren Buffett pueda ganar una apuesta y perderla al mismo tiempo. El jefe de Berkshire Hathaway dedica una gran parte de su última carta anual a los accionistas, publicada el sábado, a cantar las alabanzas de los fondos índice. Buffett también celebra, un año antes de que venza, su apuesta de 1 millón de dólares a que los hedge funds no podrán seguir el ritmo del S&P 500 durante una década.

El Oráculo de Omaha merece elogios por usar su influencia para orientar tanto al ciudadano medio como a los grandes y pequeños gestores de carteras hacia fondos de bajo coste llenos de grandes grupos de acciones, aunque él mismo haya pasado más de 50 años seleccionando cuidadosamente nombres y juntando más de 66,000 millones de euros de patrimonio neto en el proceso. Buffett calcula que la élite financiera, en su estúpida y a menudo infructuosa búsqueda activa de rendimientos ha despilfarrado 95,000 millones de euros en los últimos 10 años. Un estudio más científico de 2008 también daba esa cifra, pero cada año.

En nueve años, su holding ha más que duplicado su valor, frente al aumento del 85% del S&P, pero en los últimos cinco años este ha funcionado mejor.

Ted Seides, gestor de hedge funds de Protégé Partners, aceptó la apuesta de Buffett. Nueve años después, la rentabilidad anual compuesta del fondo índice del S&P es del 7.1%, frente al 2.2% del fondo de fondos elegido por Seides; y más de la mitad de las ganancias se consumen en honorarios, según el cálculo de Buffett.

Este prefiere medir su propio éxito comparando el valor contable por acción de Berkshire Hathaway. En el periodo de la apuesta, ha subido a más del doble, hasta los 162,000 euros, frente al aumento del 85% del S&P. En los últimos cinco años, sin embargo, el rendimiento de Berkshire está por debajo del índice.

Cuanto más grande se hace Berkshire, más le cuesta a Buffett y su pequeño equipo batir el mercado. De 1965 a 2008, la ganancia porcentual en el valor contable por acción de Berkshire fue inferior a la del S&P, con dividendos, solo en seis años. Los mismos que desde entonces, 2016 incluido. Nunca será fácil apostar contra Buffett, pero las probabilidades ciertamente han mejorado.

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