En las ciencias económicas, se ha nombrado a un bien público a aquel bien o servicio disponible para todas las personas, cuya utilización, por un sujeto no restringe el uso del resto. Ejemplos de ellos son los parques, a donde acuden las familias vecinas para realizar actividades recreativas, los noticieros que se transmiten por radio, que difunden información relevante para la sociedad, y las vías de comunicación, por donde las personas regularmente transitan para transportarse de uno a otro lugar.

En este último bien, queremos detenernos para analizar qué pasa en la provisión de bienes públicos, cuando se realizan obras de mantenimiento en ellas, esto a la luz de la múltiple cantidad de obras viales que ahora encontramos en la ciudad de México.

Por un lado, restringen al uso de ellos, a veces de manera excesiva en tiempo sin explicación razonable.

Pero cuando menos, se tiene la garantía que posteriormente a la culminación de los trabajos se gozará de una mejor calidad de dichos bienes, por lo que es entonces prudente y necesario privarse de su uso, aunque las molestias temporales muchas veces sean muy grandes.

Pero qué pensaría usted, si las molestias temporales de las obras viales que regularmente triplican los tiempos originales de traslado de uno a otro punto no se traducirán en un beneficio posterior público, sino privado, restringido a quienes paguen un peaje para poder gozar de su utilización. Obviamente, detrás de este servicio hay una empresa a quien esta obra le representa un lucrativo negocio, quien tendrá muchos años para poder recuperar su inversión.

Efectivamente estoy pensando en la autopista urbana en el norte de la ciudad de México que afecta a millones de ciudadanos desde Naucalpan hasta Cuautitlán, quienes todos los días enfrentan un doble infierno para trasladarse hacia sus destinos.

Habrá quienes argumenten que representa una obra nueva, diferente a la anterior y que la primera quedará inalterada, por lo que no habrá un daño a los bienes públicos originales.

Esto es falso, porque se están quitando carriles a las vías originales para hacerlos parte de las vías privadas, lo que representa una pérdida del acervo de bienes públicos.

Y por el otro lado, quedan pendientes un par de preguntas más: ¿Cómo seremos compensados los usuarios de estas vías por las afectaciones temporales que padecemos? ¿Qué ganaremos con todas estas obras? Parece que no mucho.

*Pablo Pérez Akaki es profesor de tiempo completo en la FES Acatlán, UNAM

ppablo@apolo.acatlan.unam.mx