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La ciencia transforma la forma de elegir una carrera

COLUMNA INVITADA

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La orientación vocacional ayuda a los estudiantes a reconocer sus intereses, habilidades y talentos para tomar decisiones más informadas sobre su futuro.Shutterstock

Para un estudiante de entre 17 y 20 años que ingresa a la universidad, la elección de una carrera profesional representa un momento de gran presión, pues se encuentra en proceso de construcción de su identidad y maduración cerebral para la toma de decisiones complejas como esta.

Anteriormente, bastaba con realizar un test vocacional; sin embargo, en la actualidad, los estudios y avances en el campo de las neurociencias permiten replantear este proceso desde una nueva perspectiva. Muchas instituciones educativas todavía utilizan modelos de orientación diseñados para una realidad que las nuevas generaciones y los avances científicos han superado.

Al mismo tiempo que conocemos mejor cómo aprende el cerebro a través de la neuropedagogía y la neuropsicología, resulta necesario reestructurar los procesos de orientación vocacional y no limitarlos únicamente a pruebas psicométricas, folletos informativos y recorridos por las instalaciones.

Durante la adolescencia y los primeros años de la juventud, el cerebro, específicamente la corteza prefrontal, aún está madurando. Por ello, es común que un joven tenga dudas sobre la elección de carrera o se deje influir por las opiniones de sus amigos, las redes sociales o la presión familiar.

No se trata únicamente de desinterés. Ahora sabemos que el cerebro aún está aprendiendo a tomar decisiones y necesita orientación, experiencias reales y acompañamiento desde una visión más integral en este momento de la vida.

Es indispensable repensar este proceso ante las nuevas evidencias científicas y tomar en cuenta aspectos relacionados con el neurodesarrollo del estudiante. El cerebro no aprende ni toma buenas decisiones únicamente con información, sino que necesita experiencias significativas y situaciones reales que le permitan construir y proyectar su futuro.

Por ello, son necesarias nuevas formas de orientación vocacional. No se trata únicamente de incorporar un tema de actualidad, como la inteligencia artificial, sino de mostrar un interés genuino por comprender cómo aprende y decide el cerebro del estudiante joven, dando un giro a esta tarea desde una visión estratégica de neuroorientación vocacional y no solamente desde una estrategia comercial para dar a conocer la oferta educativa.

Esto implica implementar modelos sólidos de acompañamiento, en los que las instituciones se involucren realmente en el proceso mediante experiencias inmersivas, simulaciones de profesiones, mentores especializados y talleres para fortalecer la toma de decisiones, el pensamiento crítico y la regulación emocional. También es necesario incluir un enfoque neurocientífico tanto en las escuelas de educación media superior como en las universidades que posteriormente recibirán a estos estudiantes.

A la par de mejorar la intervención de las instituciones mediante estrategias actuales, es necesario contar con estudiantes activos en el desarrollo del autoconocimiento de sus intereses, gustos y talentos, así como con familias que sustituyan la presión por el acompañamiento para descubrir fortalezas y preferencias, en lugar de decidir por ellos o dejar todo el proceso en manos de las escuelas.

El reto no consiste en determinar qué universidad ofrece más carreras, sino en mejorar, de manera conjunta, el proceso de neuroorientación vocacional para las nuevas generaciones, a partir de una visión renovada que permita alcanzar mejores resultados en los escenarios profesionales en los que se desarrollarán.

*coordinadora académica de licenciaturas en Universidad Lucerna.

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