Podrá parecer una paradoja pero el “líder del mundo libre”, tal como se comenzaron a llamar los estadounidenses en algún momento del siglo XX, aún tiene media centena de embajadas sin un jefe.

Esa imagen más que cualquier otra detalla en buena medida el estado actual de la situación de la política exterior estadounidense; de rumbo incierto, sin lineamientos estratégicos claros y falto de gente.

A más de un año de haber llegado a la Oficina Oval, el presidente Donald Trump no tiene embajador en 45 países, incluso en misiones claves como Turquía, Jordania, Arabia Saudita, Egipto y Corea del Sur.

Este vacío diplomático viene de la fulminante decisión que tomó como presidente electo al ordenar la salida de todos los embajadores que habían sido un nombramiento político de su antecesor, Barack Obama, con lo que tras el 20 de enero del 2017 sólo quedaron en sus puestos los de carrera.

Eso dejó sin máximo representante estadounidense durante meses a gigantes como China e India y a aliados como Reino Unido y Canadá. También hay vacantes en puestos que son claves como algunas subsecretarías.

Algunos diplomáticos no están dispuestos a trabajar por la administración Trump por lo que, de forma voluntaria, se alejaron temporalmente del Departamento de Estado.

En Latinoamérica y el Caribe, falta embajador estadounidense en Argentina, Bahamas, Belice, Cuba, Honduras, Jamaica, República Dominicana,Trinidad y Tobago, además de en Bolivia y Venezuela, donde la relación está sólo a nivel de encargado de negocios.

Trump ha nominado a los candidatos para Argentina, Bahamas y República Dominicana, pendientes ahora de la confirmación del Senado, pero las otras legaciones vacantes ni siquiera tienen un nombre propuesto.

Tal parece que a Trump no le urge tener cubierta su red de embajadores.