Unas 200,000 personas se manifestaron en Barcelona contra el encarcelamiento de dos influyentes líderes independentistas acusados de sedición por la justicia, en medio de una crisis enquistada entre el gobierno regional y el central.

Al grito de “independencia”, y portando velas, la multitud marchó por el centro de la ciudad para reclamar la liberación de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez, de las organizaciones Omnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana y encarcelados bajo cargos de sedición.

Ayer mismo la tensión se acumuló ya que el Tribunal Constitucional de España falló que el referendo independentista de Cataluña fue anticonstitucional, dando peso legal al esfuerzo del gobierno por impedir la secesión promovida por los líderes de la próspera región.

El fallo no causó sorpresa, ya que Madrid había insistido en que la votación era ilegal. Líderes regionales desafiaron al gobierno central y sostuvieron el referendo del 1 de octubre, incluso después de que la policía incautó millones de boletas y utilizó la fuerza para cerrar los centros de votación.

La manifestación de la noche culminó una jornada de movilizaciones. A mediodía, miles de empleados abandonaron sus puestos de trabajo en Barcelona y otras localidades catalanas para exigir en silencio “la liberación de los presos políticos”.

“Nos quieren dar miedo, pero yo no lo tengo. No creo que vayan a aparecer ahora por aquí con palos, pero tenemos el presentimiento de que nos harán más daño”, dijo Conchita Riera.

En la plaza barcelonesa de Sant Jaume, el presidente Puigdemont y parte de su gobierno se unieron a los manifestantes, que gritaban “libertad” y “la represión no es la solución”.