Sebastián Piñera asumió el pasado domingo la Presidencia de Chile para el periodo 2018-2022 con la premisa de mejorar la economía del país.

De acuerdo con Diego Barría Traverso, director del Departamento de Gestión y Políticas Públicas de la Universidad de Santiago de Chile, el líder de la coalición Chile Vamos, quien vuelve por segunda vez al Palacio presidencial de la Moneda, enfrentará varios desafíos, entre ellos, lograr consensos para gobernar frente a un Congreso en el cual su coalición no cuenta con la mayoría absoluta.

“Hay tres fuerzas en el Congreso. Piñera tendrá que hacer alianzas para poder gobernar; de hecho, los principales cercanos al presidente electo no han mencionado estar seguros de lograr consensos”,  dijo el académico.

Otros desafíos que enfrentará la nueva administración es el tema de la gratuidad en la educación. Piñera prometió darle continuidad, particularmente, a la universitaria. La política la implementó Michelle Bachelet y beneficia a alrededor de 300,000 estudiantes. Asimismo, Piñera aseguró que proseguiría el trámite del proyecto de ley de identidad de género.

El futuro del proyecto de una nueva Constitución, propuesta de Bachelet enviada al Congreso se verá con el transcurso de los días qué lugar de importancia le dará Piñera.

Otro tema a discutir durante su gestión será si se concreta una reforma en el sistema privado de pensiones y elevar el monto de la jubilación, así como el ordenamiento del flujo migratorio que ha crecido hacia el país andino.

“Hay una necesidad de formar un pacto social, lograr que la mayoría quiera un cambio constitucional es uno de los principales desafíos. Entre la ciudadanía hay una percepción de que la economía funcionó bien y mejoró el empleo en el primer mandato de Piñera se espera que repita la fórmula”, destacó Barría.

poder

Piñera adoptó una serie de políticas de la presidenta Bachelet, principalmente en materia de educación, lo cual lo ayudó a ocupar de nuevo la silla presidencial, aseguró el académico.

En su primera gestión (2010-2014), Piñera enfrentó varias movilizaciones estudiantiles, entre el 2011 y el 2013 su popularidad tocó mínimos históricos de desaprobación (20%); sin embargo, en la recta final de su gestión logró subir a 50 por ciento.