Hoy, por primera vez en lo que va del milenio, el máximo representante de la Iglesia católica rezó en solitario ante la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para dar indulgencia plenaria a todo el mundo, ante la crisis provocada por el Covid-19.

Durante el llamado “perdón a toda pena”, el papa Francisco dio la bendición “Urbi et Orbi”, la cual solo se da en dos ocasiones del año, desde el balcón de la Basílica de San Pedro: Navidad y Pascua, adicionalmente se da cuando un papa es designado como tal.

De tal forma que el Romano Pontífice es el único autorizado para impartir esta “bendición” que se traduce del latín como “a la ciudad (Roma) y al mundo” y que algunas personas han interpretado como “a los cuatro vientos”; además, con esto los fieles católicos obtienen “el perdón por sus pecados y penas”, según el derecho canónico.

Aunque antes de convertirse en el ritual más solemne de la iglesia católica, era una forma en que iniciaban las proclamaciones del imperio romano.

De acuerdo con los ritos de esta iglesia, actualmente cuando el papa Francisco dicta esta bendición porta un hábito color coral, aunque en la antigüedad el sumo pontífice en turno vestía una “capa pluvial”, una larga capa ceremonial.

Cuando el papa sale al balcón durante Navidad y Pascua para este acto, las bandas del ejército de Italia, la guardia suiza y la gendarmería vaticana entonan el himno italiano y la marcha pontificia.

Sin embargo, hoy el papa Francisco solo acompañó la bendición con el icono bizantino de la Virgen y el Niño (Salus Popoli Romani) y el Crucifijo de la Iglesia de San Marcello al Corso, representación que es considerada por los fieles como la “salvadora de Roma” cuando ocurrió la Gran Plaga en Roma.