El jefe de Estado italiano, Sergio Mattarella, reveló su oposición a que el euroescéptico Paolo Savona, de 81 años, fuese ministro de Economía por sus posiciones antieuro y las consecuencias que ello tendría en los mercados. La decisión procó que Giuseppe Conte renunciara a la posibilidad de dirigir el gobierno.

Mattarella, que anunció “próximas decisiones”, compareció ante la prensa después de que el jurista Giuseppe Conte, a quien la ultraderechista Liga Norte y el antisistema Movimiento 5 Estrellas le habían encargado formar gobierno, renunciase a ello.

“La designación del ministro de Economía es un mensaje inmediato y de confianza a los operadores financieros”, dijo Mattarella.

“Pedí que fuera un miembro de la mayoría o un exponente que no tuviera una posición como la manifestada que podría provocar la salida de Italia del euro, que es muy diferente a un intento de cambiar Europa y de mejorarla desde el punto de visa italiano”, añadió el presidente de Italia.

Aseguró en un comunicado que en los dos meses transcurridos desde que se celebraron las elecciones “ha hecho de todo para que naciese un gobierno”.

Mattarella también indicó que “superó su perplejidad” y aceptó la figura de Conte, un jurista independiente de 54 años, a pesar de que no era una persona elegida en el Parlamento y de que dirigiría un gobierno político.

Asimismo, señaló que a la Liga y al M5S les había enfatizado que iba a prestar “la máxima atención” respecto a los candidatos para ocupar algunos ministerios y recordó que el jefe de Estado italiano “tiene un papel de garantía que no admite imposiciones y menos en carteras como la de Economía”.

El jefe de Estado se refería así a la figura del octogenario economista Savona, quien se ha manifestado en varias ocasiones contrario al euro y es, junto con otros 12 economistas, autor de una manual bautizado como “Plan B” en el que describe cómo salir de la moneda única europea. Agregó que “la prima riesgo aumenta cada día y, en consecuencia, la deuda pública, lo que reduce las posibilidades de gasto del Estado”.

La crisis política se profundiza en Italia, que lleva 83 días sin gobierno. El presidente convocó este lunes a Carlo Cottarelli, un economista de 64 años, exdirectivo del Fondo Monetario Internacional y excomisario para la reducción del gasto público de Italia, para, se supone, encargarle la formación de un nuevo gabinete.

¿El presidente puede impedir desiganciones?

Roma. El presidente de la república italiana es una figura institucional respetada, con poderes limitados pero que se adquieren un cariz de importancia en los momentos de crisis política.

El presidente italiano, Sergio Mattarella, vetó el nombramiento de un euroescéptico a la cabeza del ministerio de Economía, que contaba con el aval del gobierno y era apoyado por una mayoría parlamentaria.

Esta prerrogativa, reconocida por el artículo 92 de la constitución italiana, provocó la furia de la Liga (extrema derecha) de Matteo Salvini y del Movimiento Cinco Estrellas (M5S, antisistema) de Luigi Di Maio.

Empero, esta no es la primera vez que un presidente italiano se niega a nombrar a un ministro presentado por la mayoría parlamentaria. Hubo al menos tres casos parecidos en la historia republicana italiana y uno de los más conocidos involucra a Silvio Berlusconi.

Tras salir vencedor de las legislativas en 1994, Berlusconi, que ya estaba en el punto de mira de la justicia, había propuesto al presidente Oscar Luigi Scalfaro nombrar a su abogado, Cesare Previti, como ministro de la Justicia.

El presidente Scalfaro se negó y Berlusconi cedió.

Esta vez, los populistas italianos no aceptaron que el jefe del Estado utilizara esta prerrogativa y denunciaron una injerencia de Bruselas y de los “lobbies” de las finanzas.

Esgrimiendo estos argumentos Di Maio evocó la posibilidad de destituir al jefe del Estado por alta traición, recurriendo al artículo 90.

Los poderes del presidente están enmarcados y se ciñen esencialmente a su capacidad de nombrar al presidente del Consejo y después a los ministros que este le propone.

También tiene el poder de disolver las cámaras, un arma de disuasión que ha sido utilizada en las numerosas crisis políticas que ha vivido Italia, una república parlamentaria que ha tenido 64 gobiernos desde 1946. (Con información de AFP)