Lectura 6:00 min
La carta que dio a luz a la patria judía
Israel celebró el centenario de la misiva que culminó con la creación del Estado israelí.

Foto: AP
En un año repleto de celebraciones centenarias profundamente simbólicas, hace una semana se conmemoró el centésimo aniversario de un suceso que prefiguró uno de los conflictos políticos más complejos en la historia moderna. Por este motivo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, visitó Londres para celebrar junto a su contraparte británica, Theresa May, el centenario de la Declaración Balfour: un texto de 67 palabras escrito por el entonces ministro de Asuntos Exteriores británico, Lord Arthur Balfour, en la que externaba el respaldo de su gobierno al establecimiento de una patria judía en Palestina.
La carta pública fechada el 2 de noviembre de 1917 fue dirigida al Barón Walter Rothschild, el patriarca de la influyente familia de banqueros judíos. En estas líneas Balfour enarboló el deseo británico de establecer “un territorio nacional para la población judía” y aseguró que su gobierno “facilitaría el cumplimiento de ese objetivo”. No obstante, transcurrirían tres décadas para que Israel finalmente declarara su independencia en 1948.
La declaración Balfour se entiende como un evento seminal, la primera declaración sobre el derecho de existir del Estado moderno de Israel. Por esta razón, también ha provocado una amarga huella en muchos palestinos, para quienes simboliza el inicio del proceso de despojo de su territorio.
En 1917, la población judía representaba menos de 10% de la población palestina —un siglo después son mayoría, mientras que millones de palestinos viven en el exilio o en campos de refugiados.
Para muchos israelíes, el centenario es motivo de celebración —especialmente en suelo británico— pues el establecimiento del control del Reino Unido sobre Palestina después de desmembrar al sometido Imperio Otomano, obedece a la acción de un grupo de sionistas británicos, particularmente el químico de origen ruso Chaim Weizmann.
“Estoy orgulloso de la participación británica en la creación de Israel”, escribió el canciller británico Boris Johnson en una columna para el Sunday Telegraph.
Sólo el 17% de los británicos simpatiza con Israel
La ocasión es un tanto más compleja para la primera ministra británica, quien debe lidiar con la postura agresiva de Netanyahu acerca del pacto nuclear de Irán. Además, el principal antagonista de May, el líder del partido laborista Jeremy Corbyn, es conocido por simpatizar con la causa palestina y ha optado por no asistir a la conmemoración de la declaración Balfour. En esta postura, Corbyn no está aislado: un estudio reciente mostró que tan sólo 17% de los británicos simpatizan con Israel.
En el resto de Europa hay numerosos partidarios del reconocimiento de un Estado palestino independiente, pues las políticas del gobierno reaccionario de Netanyahu producen encono.
El gobierno del primer ministro ha promovido la expansión de asentamientos israelíes en la ribera occidental del río Jordán y la ocupación militar de los territorios palestinos.
Los críticos señalan un renglón de la Declaración Balfour en la que se lee “nada debe hacerse que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”, una estipulación que parece haber sido ignorada hasta ahora.
“La declaración Balfour no es algo que deba celebrarse —en particular, mientras exista al menos una persona víctima de tal injusticia”, escribió el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas en una columna publicada esta semana en The Guardian.
“La creación de una patria, para algunos resultó un despojo mientras que para otros, una persecución. El balance debe ser restaurado, y el Reino Unido tiene una gran responsabilidad en apoyar este proceso. Las celebraciones deben aguardar hasta el día en que todos en esa tierra tengan libertad, dignidad y equidad”.
Por su parte, los funcionarios israelíes comparan la negación palestina de la Declaración Balfour como evidencia de su rechazo absoluto contra Israel. “La vehemente oposición árabe-palestina a la declaración Balfour se cimienta en la postura antihistórica de que los judíos son foráneos, sin conexión alguna con esa tierra y sin algún tipo de derecho a vivir en ese lugar como personas”, escribió el diplomático israelí Yuvan Rotem.
“Esto incentivó un exclusivismo árabe y un sentido de supremacía, el cual continúa conduciendo el conflicto árabe-israelí hasta nuestros días”.
Por supuesto, los fundamentos que motivaron a Balfour, un influyente estadista conservador, quien sirvió brevemente como primer ministro británico, están tan relacionados con la geopolítica como con cualquier simpatía por la situación sionista.
Declaración útil para Rusia como para EU
Tan sólo algunos días antes de emitir la declaración, Balfour mencionó en una reunión con el gabinete que apelar al nacionalismo judío sería “propaganda extremadamente útil tanto en Rusia como en Estados Unidos”, dos países con poblaciones judías significativamente grandes y cuya contribución era necesaria para ganar la Primera Guerra Mundial.
Después de que la declaración fuera anunciada, la propaganda británica fue divulgada a las comunidades judías en los territorios alemanes y austriacos, destacando las buenas obras en favor de la “gente de Israel”. (En 1917, el único judío en el gabinete, Edwin Montagu, se opuso vigorosamente al sionismo, pues decía que era un “credo político perjudicial” que haría peligrar la presencia judía en Europa).
La declaración Balfour fue sólo una de las medidas diplomáticas británicas que moldearon el mapa del moderno medio oriente.
En 1916, el Reino Unido ya había acordado secretamente con Francia y Rusia la división de las regiones otomanas, originalmente palestinas. Un año más tarde, con la Revolución Bolchevique haciendo peligrar algunos de estos planes, el Reino Unido buscaba un territorio que separara la región del Levante, dominado entonces por los franceses, y sus intereses coloniales en Egipto, por lo que el mandato en Palestina parecía cada vez más atractivo.
Lord Roderick Balfour, descendiente del artífice de declaración, encontró fallas en la iniciativa de su antecesor que no han sido corregidas. “Tengo importantes reservas,” dijo recientemente ante la prensa.
Un texto de 67 palabras cambió la geopolítica global.